Sutton Hoo, el descubrimiento del mayor barco funerario de Europa

Durante 1.400 años uno de los más increíbles tesoros arqueológicos de Inglaterra permaneció oculto bajo la tierra de Suffolk, en la costa del sureste de Inglaterra. Hasta que en 1939 el arqueólogo autodidacta Basil Brown descubrió en Sutton Hoo los restos del mayor barco funerario encontrado en Europa y el fabuloso tesoro real enterrado con él.

Edith May Pretty (1883 – 1942) era la hija de Robert Dempster, un acaudalado magnate de la industria del gas. Los negocios de su padre llevaron a su familia a visitar diferentes países durante su niñez, como Egipto, Grecia, el Imperio Austro-Hungaro o los Estados Unidos de América, lo que despertó su interés por la cultura, en especial por la arqueología. Tras la muerte de su padre en 1925, Edith y su hermana recibieron una herencia valorada en más de 500.000 libras de la época, unos 18 millones de euros de hoy en día.

En 1926, a la edad de 37 años, Edith se casó con el coronel del Ejército británico Frank Pretty, y juntos adquirieron una propiedad de más de 200 hectáreas en Sutton Hoo, en la orilla del río Deben, cerca de Ipswich. La finca incluía 18 pequeños túmulos, probablemente de origen vikingo y que en 1860 ya habían sido parcialmente excavados, dejando como resultado el hallazgo de una gran cantidad de clavos de hierro y una pequeña nota al pie en el diario local, el Ipswich ­Journal.

Edith Pretty (imagen: BBC)

Edith y su esposo vivieron juntos allí hasta 1934, cuando Frank falleció a causa de un cáncer de estómago con 56 años de edad. Frank siempre había coartado el espíritu de arqueóloga de su esposa, que ahora, viuda, decidió recuperar. En 1937, Edith comentó la posibilidad de excavar los túmulos con Vincent B. Redstone, un miembro del Instituto de Arqueología de Suffolk. Redstone y Guy Maynard, el conservador del Museo de Ipswich, aceptaron la propuesta de Edith y enviaron al arqueólogo autodidacta Basil Brown a excavar los montículos.

Basil John Wait Brown (1888 – 1977) era un arqueólogo y astrónomo autodidacta, que a pesar de tener que dejar la escuela diurna a la edad de 12 años para trabajar en la granja paterna, continuó formándose en la escuela nocturna hasta obtener el título de delineante con 14 años. Durante cinco años se formó por correspondencia en astronomía, geografía y geología, y mediante libros y retransmisiones radiofónicas aprendió latín, a hablar francés con fluidez y consiguió unas nociones de griego, alemán y español. A pesar de haber sido declarado incapaz para el servicio durante la Primera Guerra Mundial, Brown sirvió como voluntario en el Cuerpo Médico de Suffolk de la Royal Army.

Basil Brown (imagen: BBC)

Brown combinó sus trabajos a tiempo parcial de agente voluntario de policía y agente de seguros con su afición por la arqueología y otro trabajo a tiempo parcial en el museo de Ipswich, lo que le llevó a encontrar ocho construcciones medievales y diferentes asentamientos romanos, incluyendo una villa romana excavada entre 1936 y 1938, momento en que recibió el encargo de dirigirse a Sutton Hoo para algo que no solo cambiaría su vida, sino también todo el conocimiento sobre el periodo de historia inglesa comprendido entre la caída del Imperio Romano y las invasiones vikingas.

En junio de 1938 Brown comenzó las excavaciones, y sus temores de que los túmulos hubieran sido expoliados parecían confirmarse: los túmulos dos y tres contenían unos pocos objetos y había evidencias de anteriores excavaciones. Tras el verano, los trabajos pararon, y no se retomaron hasta el verano siguiente. A la vuelta, Brown decidió centrarse en el túmulo 1, el más grande de los 18 de la finca, en donde, para su sorpresa, aparecieron clavos de hierro como los usados en la construcción de embarcaciones colocados a intervalos regulares. A pesar de que la acidez del suelo había hecho desaparecer todo rastro de madera, podría verse claramente como si fuera un molde la forma de un barco de 27 metros de largo. “Es el descubrimiento de mi vida”, escribiría Brown en su diario. Se habían encontrado otros barcos funerarios en Europa, pero ninguno de este tamaño.

Excavaciones en Sutton Hoo (imagen: The New Yorker)

El “molde” del barco medía 27 metros de eslora por 4,4 metros de manga máxima en el medio de la eslora, y 1,5 metros de puntal. Colocado en una zanja excavada previamente, solo sobresalían por encima del nivel del terreno la proa y la popa. Nueve planchas de madera a cada costado se elevaban superponiéndose desde la quilla hasta la borda, unidas con clavos de hierro. Treinta y seis cuadernas daban forma al casco de la embarcación. Antes de llevarlo hasta su emplazamiento ceremonial cerca del río, se le habían eliminado la quilla, la cubierta, los bancos y el mástil.

Excavaciones en Sutton Hoo (imagen: BBC)

Pero si ya de por sí el descubrimiento del barco era increíble, lo hallado en su interior lo fue más. Un grupo de los mejores arqueólogos del momento, dirigidos por Charles Phillips, encontraron en la pequeña estructura de madera con forma de choza ubicada en el centro del barco un sarcófago y una colección de objetos que por su número, conexiones con otras culturas, calidad y belleza, hicieron de Sutton Hoo el mayor descubrimiento arqueológico de Inglaterra. Entre los más de 250 objetos hallados se incluían armas, cubiertos de plata, hebillas de oro, monedas, un yelmo refinadísimo decorado con diversas figuras, un cetro, copas de bronce y hasta una lira.

Representación del barco funerario de Sutton Hoo (imagen: The Sunday Times)

La llegada de la guerra paralizó los trabajos en Sutton Hoo. Todos los hallazgos fueron donados por Edith al British Museum de Londres. El solar fue utilizado por el ejército británico como zona de entrenamiento militar, y no fue hasta acabada la guerra que los objetos hallados empezaron por fin a estudiarse en profundidad, permitiendo a los investigadores y eruditos ampliar su conocimiento sobre la época comprendida tras la caída del Imperio Romano y la llegada de los vikingos, periodo muy poco documentado hasta el hallazgo de Sutton Hoo. Además, la visión preconcebida de una sociedad ruda y atrasada cambió gracias a la sofistificación, riqueza y variedad de objetos encontrados y la diferente procedencia de los mismos, desde la actual Francia hasta el Mediterráneo bizantino o la lejana Asia, lo que da muestra de una red de comercio muy importante.

El yelmo hallado en Sutton Hoo (imagen: Smarthistory)

Pero, ¿quién estaba enterrado en ese barco? Al igual que la madera, los restos humanos habían desaparecido por el efecto de la acidez del suelo. La principal teoría defiende que la tumba pertenece a Redvaldo de Estanglia, Rey de los Anglos del Este desde el 600 hasta el año de su muerte en el 624, fechas que coinciden con la datación de las monedas merovingias halladas en la tumba. Aunque existen otros candidatos a ser la persona enterrada en Sutton Hoo, la riqueza del enterramiento y los contactos con otras culturas apuntan a Redvaldo, el gobernante más poderoso de su época.

Plano del barco creado por la Sutton Hoo Ship Company

Desde 2016 la organización Sutton Hoo Ship lleva a cabo un proyecto para construir una réplica del barco de Sutton Hoo con los medios y materiales de la época del barco original y ponerlo a prueba en navegación para comprobar cuál debió ser el uso original de la embarcación y en dónde podría haber navegado. La organización espera que la recién estrenada película de Netflix La excavación, dirigida por Simon Stone y protagonizada por Carey Mulligan y Ralph Fiennes en los papeles de Edith Pretty y Basil Brown respectivamente dé un empujón a su proyecto.


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Juan A Oliveira es el responsable de las Áreas de Ingeniería Naval Aplicada y Estructuras en CT Ingenieros. Desde 2013 edita y coordina el blog de temática naval vadebarcos.net. Puedes conectar con él a través de Twitter o LinkedIn.

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