El Draken Harald Hårfagre, un drakkar vikingo del siglo XXI

En 2008 el emprendedor noruego Sigurd Aase tenía una sola idea en su cabeza: construir un barco vikingo capaz de cruzar el océano, siguiendo los métodos de construcción y utilizando los mismos materiales que sus antepasados utilizaban hace diez siglos. El resultado de seis años de investigaciones, diseño, construcción y pruebas fue el Draken Harald Hårfagre, un drakkar de 35 metros de largo que en 2014 hacía su primer viaje oceánico, navegando ida y vuelta desde Haugesund (Noruega) hasta Liverpool (Reino Unido).

Viking ship - Draken - Fjord Norway

Vikingos. Solo con leer su nombre nos vienen a la cabeza los valerosos pueblos del norte, temidos invasores que partiendo desde Escandinavia a finales del siglo VIII fueron capaces de llegar a tierras tan lejanas como el Caspio, el sur de la península Ibérica o incluso las costas de la actual Canadá. Y si lo hicieron, fue en gran medida gracias a sus competencias como grandes marinos y a sus barcos, cuyo mayor exponente fue el drakkar

Los drakkar eran embarcaciones largas, estrechas, ligeras y de poco calado, muy útiles para navegar en la costa o en ríos, con remos en ambos costados todo a lo largo de la eslora. Su tamaño oscilaba entre embarcaciones pequeñas de 10 tripulantes hasta otras capaces de transportar ganado o caballos. El drakkar más grande encontrado hasta ahora es el descubierto en el puerto de Roskilde, de 35 metros de eslora. Su forma simétrica permitía cambiar el sentido de la marcha sin virar la embarcación, lo que las hacía particularmente útiles navegando entre el hielo.

Drakkar – Viking Sannhet

Aunque en un inicio su propulsión contaba tan solo con la fuerza de sus remeros, poco a poco fueron introduciendo el uso de una sola vela rectangular hecha de lana y reforzada con cuero colgada del único mástil de la embarcación. En condiciones favorables de viento, un drakkar podía alcanzar los 17 nudos de velocidad. Un remo en popa hacía de timón y dirigía la nave. 

El diseño de los drakkars tiene su origen en los umiak del pueblo Inuit, pequeñas embarcaciones abiertas hechas de pieles. Construidos en madera, normalmente roble, los drakkars no tenían cuadernas. Su casco trincado se construía uniendo planchas de madera unas con otras y utilizando musgo, lana u otro pelo de animales con brea para tapar las juntas de unión y asegurar la estanqueidad. En las islas Lofoten noruegas algunos barcos de pesca siguen construyéndose siguiendo estas técnicas.

File:Copper Inuit in an umiak at Port Epworth (38553).jpg - Wikimedia  Commons

Lo más llamativo de un drakkar, y que a la postre le dio su nombre, eran sus proas, decoradas con pieza de madera tallada con formas de animales, aunque casi siempre dragones o serpientes, con la idea de infligir terror en sus enemigos, además de servir para alejar a los monstruos marinos de la mitología nórdica. El plural de la palabra islandesa dreki (dragón), drekar, acabó derivando en drakkar, y así el mascarón de proa de la embarcación acabó denominando a toda la nave.

Los drakkar eran embarcaciones tremendamente marineras, que, unidas a la pericia de los marineros escandinavos, permitieron la expansión vikinga por toda Europa, el norte de África, el oeste de Asia e incluso Norteamérica. Su velocidad les permitía cruzar el mar del Norte y llegar a las islas Británicas en pocos días. Además, su poco peso y escaso calado las hacían perfectas para acercarse a la costa y desembarcar rápidamente, así como ser fácilmente transportadas por tierra. 

La importancia de los drakkars en la cultura vikinga era tal que incluso sus reyes y gobernantes eran incinerados o enterrados en ellos para realizar el viaje al más allá. Gracias a estas costumbres han llegado a nuestros días ejemplos de barcos funerarios como el barco de Oseberg, descubierto en un montículo funerario en la región de Tønsberg (Vestfold, Noruega) y desenterrado por el arqueólogo sueco Gabriel Gustafson y el arqueólogo noruego Haakon Shetelig entre 1904 y 1905, o el barco de Gokstad, encontrado en Sandefjord (Vestfold, Noruega) y desenterrado por el anticuario y arqueólogo noruego Nicolay Nicolaysen, ambos visitables hoy en día en el Museo de Barcos Vikingos de Oslo. 

A pesar de que miles de estas embarcaciones fueron construidas durante la época vikinga, son muy pocas las que han llegado hasta nuestros días. Así, las principales fuentes de información sobre su construcción o sus técnicas de navegación  proceden de las crónicas y sagas nórdicas, escritas siglos después y que mezclan realidad y ficción. 

Cómo visitar museo Barcos Vikingos (Oslo): horarios, precios | Guías Viajar

Con estos antecedentes, llegamos a 2008, año en el que el emprendedor del sector del oli & gas noruego Sigurd Aase arranca su tarea de construir un barco vikingo capaz de cruzar el océano, siguiendo los métodos de construcción y utilizando los mismos materiales que sus antepasados utilizaban hace diez siglos. Para ello involucró en el proyecto a los principales constructores de barcos tradicionales noruegos, que completaron su conocimiento de carpintería de ribera con los resultados de investigaciones realizadas sobre material arqueológico, literatura nórdica antigua, iconografía, etc.

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Dos años después, en marzo de 2010, comenzaba la construcción del Draken Harald Hårfagre, bautizado en honor de Harald I de Noruega, conocido como Harald Cabellera Hermosa (Harald Hårfagre en noruego), primer rey de Noruega, a la que unió a través de conquistas, y que extendió su dominio sobre Escocia, las Islas Hébridas, las Órcadas y las Shetland. 

Carpinteros de ribera, historiadores, artesanos y artistas trabajaron codo con codo durante dos años, uniendo plancha a plancha con miles de clavos, utilizando las mismas técnicas y materiales que sus antepasados para construir este moderno barco vikingo de 35 metros de eslora por ocho de manga, de 80 toneladas de desplazamiento, equipado con un mástil de 24 metros de alto que soporta una vela de 260 metros cuadrados y 25 pares de remos movidos por hasta 100 personas que le permiten alcanzar los 14 nudos de velocidad. Como no, su proa y su popa están decoradas con la cabeza y la cola de un dragón respectivamente.

En el verano de 2012 el Draken Harald Hårfagre fue botado, y comenzaron las pruebas de mar en la costa de Noruega, durante las cuales los tripulantes tuvieron que aprender cómo navegar en un barco vikingo. El primer viaje oceánico del drakkar tuvo lugar en el verano de 2014, cuando el capitán sueco Björn Ahlander dirigió la nave desde Haugesund (Noruega) hasta Liverpool (Reino Unido) y de vuelta a Noruega en un viaje a vela de tres semanas, con paradas en la Isla de Man, las islas Orcadas o las Shetland.

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El 26 de abril de 2016 el drakkar dejó de nuevo Haugesund, pero esta vez con un objetivo más ambicioso. La Expedición América 2016 tenía como objetivo alcanzar Terranova, al igual que sus antepasados más de 500 años antes, a donde llegaron el 1 de junio de ese mismo año tras pasar por Islandia y Groenlandia. Tras alcanzar el pueblo pesquero de St. Anthony en Terranova, la expedición continuó su viaje incluyendo destinos tan emblemáticos como Quebec, Toronto, Chicago o Nueva York. 

Además de comprender cómo se construían y navegaban los antiguos drakkars, el Draken Harald Hårfagre tiene otra misión como embarcación oceanográfica, colaborando con el Instituto de Oceanograíia Scripps de la Universidad de California recogiendo muestras de microplásticos que ayuden a los investigadores a una mejor comprensión dela distribución de los microplásticos en los océanos.

Características principales
Eslora: 35 metros
Manga: 8 metros
Calado: 2,5 metros
Tripulación: 100 personas a remo, 12 personas a vela
Remos: 50
Velamen: 260 metros cuadrados
Velocidad máxima: 14 nudos


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Juan A Oliveira es el responsable de las Áreas de Ingeniería Naval Aplicada y Estructuras en CT Ingenieros. Desde 2013 edita y coordina el blog de temática naval vadebarcos.net. Puedes conectar con él a través de Twitter o LinkedIn.

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