El Tümmler y la afición de Albert Einstein por la vela
Aunque la tarde había comenzado de forma apacible, las condiciones atmosféricas de los lagos de montaña suizos son muy caprichosas. Así que en medio de su tranquila travesía por el lago Leman a bordo del “Tümmler”, Albert Einstein y Marie Curie se encontraron con una tormenta. La anécdota, contada muchos años después por Hans Albert Einstein, el hijo del famoso físico, recoge que Madame Curie, viendo que la situación parecía volverse peligrosa por momentos y con el ánimo de tranquilizarse le comentó a su anfitrión:
-No sabía que usted fuese un experto marino.
A lo que Einstein respondió:
-Yo tampoco.
-No, lo digo porque si el barco volcase, yo no sé nadar.
Einstein, sin dejar de mirar hacia adelante y sujetando el timón, respondió:
-Pues yo tampoco, querida señora.
En efecto, el sabio no había aprendido a nadar, pero era un buen navegante y un gran conocedor de los cambios del tiempo en los lagos, ya que llevaba navegando allí desde que tenía dieciocho años, cuando estudiaba en la Escuela Politécnica de Zúrich. Fue en Suiza en donde descubrió su pasión por la vela, una afición que no abandonaría jamás.














