
Aunque las exigencias de la Organización Marítima Internacional en materia de descarbonización buscan su abandono y sustitución por alternativas no contaminantes, hoy en día el 99% de la actual flota mundial está equipada con motores diésel, una tecnología que ha dominado los últimos 120 años el campo de la propulsión marina. Todo se lo debemos a su inventor Rudolf Diesel y al primer barco diésel eléctrico, el «Vandal».
Robert Nobel, hermano del inventor de la dinamita y de los premios que llevan su nombre Alfred Nobel, llegó a Bakú en marzo de 1873. Un año antes había comenzado la explotación de petróleo a gran escala en la actual capital de Azerbaiyán, cuando las autoridades imperiales rusas subastaron las parcelas de tierra ricas en petróleo de sus alrededores a inversores privados. Acompañado de su hermano Ludvig, los Nobel fundaron primero la Nobel Brothers Petroleum Production Company en 1877 y dos años más tarde la Petroleum Production Company Nobel Brothers, también conocida como Branobel. Durante esa época sus inversiones en la ciudad de la orilla del Caspio incluyeron el primer sistema de oleoductos de Rusia, estaciones de bombeo, depósitos de almacenamiento, vagones cisterna o el «Zoroaster», el primer buque petrolero de la historia. La colonia en la que residían sus trabajadores, bautizada como Villa Petrolea, incluía apartamentos, casas unifamiliares, escuelas y bibliotecas, y sus empleados disfrutaban de ventajas como educación gratuita o la participación en los beneficios de la empresa. Para 1901, la mitad de la producción de petróleo del mundo tenía Bakú y sus alrededores como origen.
Pero había un problema. Sacar todo ese petróleo del Cáucaso hacia el resto del mundo era una tarea ardua y complicada. Los Nobel necesitaban una alternativa a las locomotoras o las barcazas rusas del Volga, que utilizaban carbón para desplazarse, de manera lenta e ineficiente. La respuesta les llegó a través de Karl Wilhelm Hagelin, un veterano del Volga y de alguna forma un visionario. Hagelin, de origen sueco como los Nobel, era un hombre de negocios e ingeniero con una dilatada experiencia en la región ya antes de incorporarse a Branobel en 1879. En 1902 había ascendido hasta ocupar el puesto de presidente de la junta directiva de la compañía, cargo que compaginaba con el seguimiento de los problemas del Volga, la responsabilidad principal de la flota de transporte de Branobel y la gestión de los procedimientos de extracción y procesamiento de petróleo en Bakú. Su completa visión del negocio fue la que le llevó a idear su propuesta a los Nobel, el uso de motores diésel en las barcazas del Volga y el establecimiento de una ruta desde Bakú hasta San Petersburgo y Finlandia a través de la vía navegable Volga-Báltico del noroeste de Rusia. El menor consumo de los motores diésel permitiría mayor autonomía a las barcazas. Además, al ser un combustible líquido, podría almacenarse en el doble fondo o en lugares de difícil uso para otras cargas. De esta forma los Nobel podrían dar salida a su petróleo hacia Europa y ahorrarse además hasta un 60% de los costes del transporte. Una de las razones principales de utilizar motores diésel era Immanuel Nobel, padre de Robert, Ludvig y Alfred se había hecho en 1898 con los derechos en exclusiva para la fabricación de este tipo de motores en Rusia. Su planta de San Petersburgo era la que más motores fabricaba en el mundo.
El motor diésel era una invención relativamente reciente. Su creador, Rudolf Christian Karl Diesel, había nacido en París el 18 de marzo de 1858, hijo de padres emigrantes alemanes. Su familia fue deportada a Inglaterra con el estallido de la guerra franco-prusiana en 1870, momento en que su madre decidió enviar a un joven Rudolf de tan solo doce años con sus tíos en Augsburgo. Tras pasar por la Escuela de Industrial y de Oficios y destacar como el mejor de su promoción, Diesel se matriculó en el Real Politécnico Bávaro de Munich, hoy en día la Universidad Técnica de la ciudad alemana. Allí sucedieron dos hechos que marcarían la vida de Diesel. El primero, su asistencia a una conferencia sobre termodinámica en la que descubrió que era teóricamente posible desarrollar un motor de combustión interna con un 100% de eficiencia. El segundo, entrar en contacto con el profesor, empresario e inventor alemán Carl von Linde, inventor del frigorífico. Tras graduarse con honores en 1880, Rudolf Diesel aceptó la propuesta de von Linde de seguirlo a París para trabajar en su recién inaugurada planta de refrigeración con una sola condición, la de poder compaginar su trabajo en la fábrica con el desarrollo de un motor de combustión interna que sustituyese a las robustas y poco eficaces máquinas de vapor. Un accidente en el que casi pierde la vida en 1890 obligó a Diesel a pasar varios meses convaleciente, tiempo que aprovechó para conceptualizar su idea. Su trabajo de dos años cristalizó en su primera patente, pero tanto los problemas de eficiencia, nunca superior al 25% como de la fiabilidad, hicieron que von Linde perdiera la confianza en su pupilo. Por suerte, Diesel conoció en 1893 a Heinrich von Buz, industrial alemán director general de lo que luego sería la empresa de motores MAN, que no dudó en financiar sus investigaciones. El patrocinio de von Buz fue clave para que Diesel pudiera producir modelos cada vez más eficientes, hasta solicitar una segunda patente y publicar su Theorie und Konstruktion eines rationellen Wäremotors, una detallada descripción de su motor. Por fin, en 1895, el primer motor diésel comienza a funcionar con un rendimiento muy superior al de una máquina de vapor. Cuatro años después, la fábrica de cerillas de Kempten estrenaba el primer motor industrial creado por Rudolf Diesel.
De todos modos, la aplicación de un motor diésel a un barco se enfrentaba a un problema importante. Los motores diésel no eran reversibles. Es decir, para poder maniobrar y cambiar de dirección el motor debía parar completamente antes de comenzar a girar en la otra dirección. Pero Hagelin creía tener la solución. En vez de conectar el motor diésel directamente a la hélice, este alimentaría un sistema de propulsión eléctrico que sería el que haría girar la hélice adelante o atrás. El resultado de las ideas de Hagelin fue el «Vandal», el primer buque diésel eléctrico de la historia. Diseñado por el propio Hagelin y el ingeniero naval sueco Johny Johnson y construido entre los astilleros de Nizhny Novgorod y San Petersburgo bajo la dirección de Immanuel Nobel, hijo de Ludvig, el «Vandal» era una barcaza de productos derivados del petróleo de 74,5 metros de eslora por 9,55 metros de manga, con un calado de tan solo 2,4 metros. En su interior se podían transportar hasta 800 toneladas de petróleo.

La compañía sueca AB Diesels Motorer con sede en Sickla (Suecia) suministró tres motores diésel de tres cilindros que girando a 240 r.p.m. generaban una corriente de 88 kW y 500 voltios. Los motores fueron colocados por Johnson en el centro de la eslora del barco. Todo el sistema de propulsión eléctrico fue entregado por la compañía también sueca ASEA, hoy en día parte de ABB, y estaba formado por tres motores eléctricos reversibles de 75 kW, cada uno conectado directamente con uno de los motores y con una de las tres hélices de la barcaza, que podían girar entre las 30 y las 300 r.p.m. para desplazar al Vandal a 8,3 nudos de velocidad. Los motores eléctricos estaban colocados en popa, lo más cerca posible de las hélices. La velocidad de cada una de estas era controlada directa e independientemente desde el puente. La configuración diésel eléctrica del Vandal aseguraba una gran maniobrabilidad en cualquier situación, pudiendo cambiar de máquina avante toda a máquina atrás toda en menos de diez segundos. El primer viaje del «Vandal» tuvo lugar en la primavera de 1903, con una carga de 750 toneladas de queroseno. Durante diez años se dedicó con éxito al transporte de diferentes derivados del petróleo entre el Caspio y San Petersburgo, permaneciendo inactiva tan solo en invierno para evitar los hielos del Volga.

El mismo año que el Volga acabó su vida operativa fue el año del fallecimiento de Rudolf Diesel. El 29 de septiembre de 1913 Diesel embarcó en Amberes en el «SS Dresden» de la Great Eastern Railway con destino Londres. Tras acabar de cenar el inventor se retiró a su camarote sobre las diez de la noche. Esta sería la última vez que se le vio con vida. A la mañana siguiente el servicio de habitaciones del barco descubrió que Diesel no se encontraba en su camarote y miembros de la tripulación encontraron su abrigo y su sombrero sobre la cubierta de popa del barco. Diez días después la lancha de prácticos Coertsen encontró un cuerpo flotando en la Escalda Oriental. Ante el avanzado estado de descomposición decidieron dejarlo en el agua, pero recoger sus efectos personales: billetera, su navaja de bolsillo y el estuche de sus gafas. Su hijo Eugen los identificó el 13 de octubre como pertenecientes a su padre. La versión oficial de la muerte de Diesel fue el suicidio. Sus malas decisiones comerciales y su alto tren de vida lo habían llevado a la bancarrota. En su diario la fecha del 29 de septiembre aparecía marcada con una X. El hombre desaparecía, pero su invención solo acababa de despegar.
El éxito del «Vandal» y la creación de un motor diésel reversible en 1913 hizo que cada vez más barcos optaran por este tipo de propulsión. Si en 1914 había ya 300 buques diésel en el mundo, diez años más tarde eran ya 2.000 y en 1940, 8.000. Hoy en día el 99% de los barcos de la flota mundial está equipado con motores diésel, aunque las exigencias en descarbonización del sector de la Organización Marítima Internacional harán que poco a poco vayan desapareciendo para dar paso a alternativas menos contaminantes.
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Juan A Oliveira es Ingeniero Técnico Naval por la Universidade da Coruña y MBA por la UNIR. Con más de 20 años de experiencia en el sector naval, desde 2013 edita y coordina el blog vadebarcos.net. Puedes conectar con él a través de LinkedIn.
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