
En diciembre de 1987 el naufragio y posterior incendio del carguero “Cason” al norte de Fisterra, cargado con más de 1.100 toneladas de productos químicos, desató una ola de pánico que llevó a la evacuación de más de 15.000 personas de Fisterra, Cee y Corcubión a hacia las localidades cercanas alejadas del siniestro.
Para encontrar el origen del “Cason” hay que remontarse a 1689 y dirigirse al norte de la antigua República Federal de Alemania. En aquella época las compañías marítimas tenían la necesidad de reemplazar los viejos transportes de carga construidos durante la Segunda Guerra Mundial, muchos de ellos del tipo Liberty americano. Uno de sus relevos fue el conocido, como no, como “German Liberty”. Económicos y funcionales, los “German Liberty” respondían a un diseño clásico de buque de carga general con bodegas y sus propios puntales de carga. Pero su existencia fue efímera. La generalización de los graneleros y los portacontenedores los llevaron pronto al olvido.

El “Cason” nació como uno de esos “German Liberty”. Entregado por Flensburger Schiffbau Gesellschaft a la naviera Leonhardt & Blumberg con el nombre de «Finn Leonhardt» en 1969, los 139,7 metros de eslora por 21,1 metros de manga del buque contaban con cuatro bodegas, el puente a popa y doce puntales para el manejo de la carga. Su sala de máquinas estaba equipada con un motor MAN de 5.300 kW, suficiente para empujar el barco hasta a 16 nudos de velocidad. Tras ser renombrado como “Wolfgang Russ» en 1978 y de nuevo como «Finn Leonhardt» en 1979, el buque fue adquirido por la compañía «Cason Navigation, S.A.», registrada en Panamá y de la que heredó su nombre final, bajo el que navegaba para la Wah Tung Shipping Agency, de la entonces colonia británica de Hong Kong.
Con estos antecedentes el “Cason” inició en septiembre de 1987 un viaje de ida y vuelta de China a Europa. Tras hacer escala en Hamburgo y Rotterdam, el barco partió de Amberes en los primeros días de diciembre con 31 personas a bordo: un capitán y un jefe de máquinas de Hong Kong y 29 tripulantes chinos entre los que se encontraba una mujer. Entre las 12.500 toneladas de su carga con destino a Shanghái se encontraban más de mil cien toneladas catalogadas como carga peligrosa: 5.000 bidones, sacos y contenedores de productos químicos inflamables (xileno, butanol, acrilato de butilo, ciclohexanona o sodio), tóxicos (aceite de anilina, difenilmetano, o-cresol o ftalato de dibutilo) y corrosivos (ácido fosfórico y anhídrido alifático). Gran parte de esta carga se encontraba sobre la cubierta del buque almacenada en contenedores.

Fue en uno de esos contenedores en donde empezó todo. El “Cason” se encontró con una importante tormenta 15 millas al norte del cabo Fisterra. Poco antes de las seis de la mañana del sábado 5 de diciembre las estaciones radio marítimas españolas recibieron la llamada de auxilio del carguero. Uno de los contenedores colocados sobre la cubierta exterior había explotado después de que entrase agua en su interior, provocando un incendio en una de las bodegas del buque. Ante las llamas, los gases tóxicos y las olas que zarandeaban el buque, tanto la mayoría de la tripulación como el capitán, presas del pánico, se arrojaron por la borda con sus chalecos salvavidas. Tan solo dos tripulantes se quedaron a bordo.
El S.O.S. del “Cason” movilizó al remolcador «Remolcanosa Cinco», con base en Vigo y al servicio de la Dirección General de la Marina Mercante desde 1983; a la embarcación de salvamento de la Cruz Roja «Ara Solis» con base en Fisterra; a dos helicópteros del Ejército del Aire y de la Armada que salieron de A Coruña y Ferrol; y a cuatro buques que se encontraban en las proximidades, entre los que se encontraban el mercante italiano «Arlesa» y el portacontenedores británico «Remuera Bay». De los treinta y un tripulantes del Cason, tan solo ocho fueron rescatados con vida, los dos que se habían quedado en el buque y otros seis rescatados del agua embravecida. A pesar de los esfuerzos de la tripulación del «Remolcanosa Cinco» por evitarlo, el buque acabó encallando en torno a las ocho de la tarde en la punta do Castelo, cuatro millas y media al norte del cabo Fisterra.

Al día siguiente, mientras los remolcadores «Sertosa XXV» y «Remolcanosa Cinco» intentaban recuperar el buque, las dudas sobre el contenido de su carga empezaban a crecer. Los pocos supervivientes se negaban a colaborar y a identificar el material transportado, indicando que solo el capitán, fallecido, conocía el verdadero contenido de la carga. La desordenada y precipitada evacuación del buque también invitaban a dudar sobre lo que había en sus bodegas. Algunas teorías apuntaban a que dentro del barco se transportaba material radioactivo. Al anochecer, los remolcadores se retiraron sin haber conseguido reflotar el buque.
La tarde del lunes, mientras el “Cason” seguía ardiendo y las explosiones en su interior eran retransmitidas en directo por la Televisión de Galicia, la Dirección General de la Marina Mercante confirmó la existencia de mercancías peligrosas a bordo del buque, aunque relativizó el peligro. Pero al día siguiente, el diario «El País» abrió con el titular «El barco encallado en Finisterre «es una bomba»». Los continuos estallidos en las bodegas del barco encallado, a la vista en miles de hogares por televisión, el titular de «El País», el reconocimiento por parte de la Comandancia de Marina de A Coruña de que el buque transportaba productos tóxicos y el miedo en el cuerpo de la población civil por la reciente catástrofe de Chernóbil año y medio antes eran un caldo de cultivo peligroso. Y todo explotó con la noticia de que un equipo de medición de la Xunta de Galicia había detectado una supuesta nube tóxica en las inmediaciones del barco, que en función de los vientos podría alcanzar a las poblaciones cercanas.

El jueves 10 de diciembre, a las 23:00 horas, la Delegación del Gobierno y la Xunta de Galicia ordenaron la evacuación de toda la población de Fisterra, Cee y Corcubión, unas 15.000 personas, hacia A Coruña, movilizando 300 autobuses que se ampliaron a 700 esa misma noche. El anuncio horas después por parte de la misma Delegación del Gobierno de que la nube ocasionada por la explosión no era tóxica no arregló la situación. Muchos vecinos ya habían escapado por sus propios medios a las localidades vecinas de Vimianzo, Carballo, Muros o Carnota, entre las quejas por la improvisación y la falta de medios. Otros, muchos de avanzada edad, habían decidido quedarse en su casa a pesar de la histeria y de las molestias respiratorias que causaba el humo. La situación empezó a normalizarse al día siguiente con el regreso de la mayoría de los vecinos a sus casas.
Pero los problemas generados por la carga del “Cason” no acabaron ahí. El gobierno central decidió llevar el material descargado del buque hasta ese momento en tres camiones desde el puerto de Brens, en Cee, hasta el Campo de Maniobras y Tiro de Santa Cruz de Parga, en Guitiriz (Lugo). Pero los vecinos de Guitiriz no estaban dispuestos a recibir el material “nuclear”. Barricadas de neumáticos ardiendo, tractores e incluso aceite se acumularon en las carreteras para impedir el paso de los camiones. Finalmente, la mañana del sábado 12 de diciembre los camiones llegaron a las puertas de la fábrica Alúmina-Aluminio de San Cibrao, al norte de Lugo. El objetivo era depositar la carga del “Cason” en el mercante «Galerno», fletado a tal efecto y que esperaba en el muelle de carga de la factoría de A Mariña.

La alarma generada por el supuesto material radioactivo del buque se trasladó al personal de la fábrica de aluminio. El día 14 los trabajadores abandonaron sus puestos de trabajo y, sin nadie a cargo de la planta, los hornos se pararon bruscamente al no seguirse el procedimiento de parada establecido, dejando la fábrica totalmente inutilizada. El coste de su reparación superó los 20.000 millones de pesetas de la época, abonados por la aseguradora estatal Musini. Esta cantidad es hasta hoy en día el siniestro más caro de la historia del seguro en España. 111 trabajadores y 23 miembros del comité de empresa fueron despedidos, aunque posteriormente el Tribunal Supremo declaró nulo el despido de los trabajadores, pero no así el de los miembros del comité de empresa.
Los bidones del “Cason” fueron finalmente transportados hasta Róterdam a bordo del «Galerno». La recuperación de todas las mercancías peligrosas del buque no acabó hasta marzo de 1988. En diciembre de ese mismo año, un año después del accidente, se adjudicó su desguace, aunque gran parte de su estructura permaneció bajo las aguas de O Rostro hasta 2017, cuando este se completó. En el muelle de Fisterra el ancla del “Cason” guarda el recuerdo físico de un suceso grabado a fuego en la memoria de todos los vecinos de la costa da Morte.

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Juan A Oliveira es Ingeniero Técnico Naval por la Universidade da Coruña y MBA por la UNIR. Con más de 20 años de experiencia en el sector naval, desde 2013 edita y coordina el blog vadebarcos.net. Puedes conectar con él a través de LinkedIn.
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