El buque oceanográfico Anna Weber-van Bosse, la joya de la corona del NIOZ neerlandés


Construido por Armon en Vigo, el buque oceanográfico “Anna Weber-van Bosse” será la joya de la corona del NIOZ, el Royal Netherlands Institute for Sea Research. Bautizado en honor de Anna Weber-van Bosse, la primera bióloga marina holandesa en realizar investigaciones en el mar, las capacidades del nuevo barco permitirán al NIOZ investigar mejor, más lejos y más rápido que su predecesor, el “Pelagia”, un buque con 35 años ya de servicio cerca del final de su vida útil.



La historia del “Anna Weber-van Bosse” comenzó hace diez años, cuando científicos, investigadores y tripulantes de los buques de NIOZ comenzaron a planificar la sustitución del “Pelagia”. Juntos definieron las características de su nuevo buque de investigación oceanográfica a la vez que evaluaron a los diferentes astilleros europeos que se presentaron al concurso para su construcción.

Con un presupuesto de 70 millones de euros, el contrato para la fabricación del “Anna Weber-van Bosse” fue adjudicado en diciembre de 2022 a Astilleros Armon. El constructor vigués ha acumulado durante los últimos años una gran experiencia en la construcción de este tipo de buques, con proyectos como el “Mar Argentino” para el INIDEP, el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero argentino en 2019, el “Odón de Buen” para el CSIC y el IEO españoles en 2024 o el “Thorunn Thordardottir” para el Marine and Freshwater Research Institute de Islandia ese mismo año. Un año después comenzaba la construcción y el 31 de octubre de 2024 el buque fue botado en Vigo. Ahora, el buque, una vez finalizado, se trasladará a Texel (Países Bajos) para la ceremonia de bautizo oficial y sus pruebas de mar.


El nuevo oceanográfico será nombrado en honor de Anna Antoinette Weber-van Bosse, la primera bióloga marina holandesa en participar en una misión oceanográfica. Nacida en Ámsterdam el 27 de marzo de 1852 en un entorno económica y culturalmente privilegiado, sus visitas de niña al zoológico de su ciudad despertaron en ella el interés por la botánica, que culminaron con sus estudios de biología en la Unversiteit van Amsterdam. En aquellos años las estudiantes femeninas podían incorporarse a las clases, pero tenían que esperar hasta que el profesor entrara al aula antes de entrar ellas, y debían realizar sus trabajos prácticos en un laboratorio diferente al de los hombres. En la universidad Anna conoció al profesor de anatomía comparada, Max Wilhelm Carl Weber, con quien se casó a sus 31 años.


La pareja realizó numerosos viajes científicos, hasta tres a Noruega en donde mientras Max estudiaba la anatomía de las ballenas Anna enriquecía el valioso herbario sobre algas que estaba elaborando y realiza sus primeras publicaciones, recibiendo por ellas sus primeros premios, como la medalla de la Real Academia de Artes y Ciencias de los Países Bajos por un tratado acerca de la estrecha relación de convivencia de las algas unicelulares con otras especies.

Poco a poco la científica se convirtió en una experta en el mundo de las algas, lo que le permitió convertirse en la primera mujer neerlandesa en participar en una expedición oceanográfica. En marzo de 1899, con 47 años de edad, se embarcó rumbo a Indonesia en el “Siboga” como botánica, en la expedición científica más importante del siglo XIX en el Pacífico occidental en el ámbito de la ficología marina. El viaje, auspiciado por la Sociedad Holandesa para el Avance de la Investigación Científica, tenía como fin el estudio de la fauna y flora marina de esa zona del mundo.


Sus hallazgos fueron recogidos en su monográfico Corallinaceae (1904) y en los cuatro volúmenes de su Liste des algues du Siboga (1913-1928). Una de las mayores contribuciones a la ciencia de su expedición fue el desentrañar el papel de las algas en los arrecifes de coral, modificando el pensamiento de la época que calificaba al coral como estructura geológica a un nuevo paradigma que los identificaba como ecosistemas vivos. Gracias a sus trabajos, hoy conocemos que los arrecifes de coral constituyen más del 25% de toda la vida marina, configurando un sistema altamente diverso que figura entre los más resistentes a las condiciones cambiantes del planeta.

Además de sus publicaciones científicas, Anna escribió también un relato popular sobre su viaje a Indonesia. Titulado Een Jaar Aan Boord H.M Siboga (Un año a bordo de H. M. Siboga), la investigadora relata su vida diaria a bordo del barco, e incluye la anécdota de que, al ser la única mujer a bordo, tenía que servir el té a los caballeros alrededor de las cinco de la tarde. Tras el viaje Anna Weber-van Bosse y Max Weber se establecieron en Eerbeek durante el resto de sus vidas. Su trabajo allí y las continuas visitas de científicos tanto locales como de otros países convirtieron a la pequeña ciudad del centro de los Países Bajos en la capital botánica del país.


El gran trabajo de Anna Weber-van Bosse fue reconocido en vida. No solo fue galardonada con un doctorado honorario por la Universidad de Utrecht en 1910, convirtiéndose en la primera mujer de los Países Bajos en recibir tal honor, sino que en 1935 recibió uno de los honores más importantes de su país, la Orden de Orange-Nassau, orden honorífica civil y militar entregada a “todo aquel que haya realizado actos con un mérito especial para la sociedad”. En 1932, con 80 años de edad, Anna hizo su última publicación. Y poco después donó su colección de 50.000 especímenes de algas al National Herbarium de la Universidad de Leiden. El 29 de octubre de 1942, a los 90 años de edad, falleció en Eerbeck.

Ahora, el nuevo buque del NIOZ honrará su nombre. Diseñado por la firma holandesa C-Job Naval Architects en colaboración con Armon y con 80 metros de eslora y 17 metros de manga, el “Anna Weber-van Bosse” mejora todas las características de su predecesor, el “Pelagia”, un buque con 35 años ya de servicio cerca del final de su vida útil.


Con 14 metros más de eslora, el nuevo barco puede alojar a 30 científicos, más del doble que el anterior, lo que permitirá experimentos a bordo en un número mayor y de más tamaño. El espacio extra en la cubierta de popa permitirá la ubicación allí de contenedores con diferentes laboratorios de investigación según la misión. Y aún siendo más grande, no consumirá más combustible que su predecesor. Para empezar, gracias al diseño de su proa en forma de hacha, que le permitirá “cortar” las olas en lugar de remontarlas. Además, el barco está equipado con un paquete de baterías que permiten su funcionamiento híbrido, y su propulsión está preparada para el uso futuro de metanol como combustible.

Un casco capaz de navegar entre el hielo que le permitirá navegar cerca del Ártico o la Antártida, su posicionamiento dinámico DP2, su góndola para equipos submarinos y su “drop keel”, la posibilidad de trabajar con vehículos submarinos autónomos o controlados a distancia (ROVs), la instalación a bordo de un sistema multihaz de alta resolución o la instalación a bordo de un aula con conexión en línea directa con estudiantes en tierra firme son otras de las ventajas del “Anna Weber-van Bosse” frente a su predecesor. Un gran buque que honra la memoria de la mujer que le da su nombre y que coloca a Armon como uno de los grandes especialistas en este tipo de buques.


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Juan A Oliveira es Ingeniero Técnico Naval por la Universidade da Coruña y MBA por la UNIR. Con más de 20 años de experiencia en el sector naval, desde 2013 edita y coordina el blog vadebarcos.net. Puedes conectar con él a través de LinkedIn.

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