Los barcos romanos del lago Nemi.

En 1929 el dictador italiano Benito Mussolini hizo vaciar parte del lago Nemi para recuperar de su fondo una leyenda de 2.000 años de antigüedad, dos increíbles barcos, auténticos palacios flotantes construidos por orden del emperador romano Calígula.

El lago Nemi.

El Nemi es un pequeño lago circular de origen volcánico de 1.500 metros de diámetro y 30 metros de profundidad, situado a 33 kilómetros al sureste de Roma. Durante el Imperio Romano, sus alrededores eran visitados por los más pudientes habitantes de la capital debido a sus aguas y aire limpio, y sus agradables temperaturas durante el caluroso verano. El lago recibe su nombre de Nemus Dianae, un bosque sagrado situado en sus orillas dedicado a la diosa Diana. Quizá la devoción de Calígula por la diosa egipcia Isis, y por extensión a Diana, a la que veía como un alter ego de la anterior, fue la razón de que eligiera esta localización para la construcción de sus palacios flotantes.

El lago Nemi (fuente: Náutica Digital)

Los barcos de Nemi.

Aunque se especula con la existencia de un tercer buque aún mayor, lo que se encontró en su momento fueron dos barcos de considerables dimensiones. El pequeño de ellos, el primero en ser recuperado, medía 71 metros de eslora por 20 de manga, con un casco redondeado, más ancho en la popa que en la proa; sobre el casco, dos superestructuras colocadas en cada extremo; entre ellas se disponía un templo dedicado a Isis y pavimentado de mármol. El segundo buque medía 73 metros de eslora y 14 de manga; su superestructura se repartía en tres bloques, uno grande a media eslora y dos más pequeños a proa y a popa, preparadas para servir como residencia flotante de Calígula.

Estas dimensiones superaban a cualquier barco de madera construido en Europa hasta el siglo XVIII: las carabelas de Colón no alcanzaban los veinte metros de eslora; el Santísima Trinidad de 1769, conocido como El Escorial de los Mares por su tamaño, tenía 63 metros de eslora; hubo que esperar hasta la construcción del SS Great Western en 1838, para, con 71,5 metros de eslora, alcanzar las dimensiones de los barcos de Nemi. La realidad es que tan solo los buques del tesoro chinos del almirante Zheng He (1371-1433) y su flota los superaron con unos increíbles 137 metros de eslora por 55 de manga, los buques de madera más grandes jamás construidos.

Los barcos de Calígula (12-41) eran verdaderos palacios flotantes, y sus superestructuras contaban con suelos de mármol, agua corriente y un sistema de cañerías para calentar el piso de la cubierta, mientras que los cascos no tenían ningún tipo de decoración. La falta de coordinación entre las superestructuras y los cascos parece indicar que las primeras fueron construidas por arquitectos civiles una vez que los cascos fueron terminados por los constructores navales de la época. La ornamentación y la fama de Calígula hacen pensar que los buques se utilizaban como embarcaciones de recreo, desechando de esa manera las teorías sobre su uso para representar falsas batallas marinas o realizar experimentos navales.

Los buques, diseñados para la navegación en agua dulce, contaban con un casco plano y no tenían quilla, lo que facilitaba su maniobrabilidad. Mientras el segundo buque se propulsaba mediante remos, como delataban los soportes para los mismos en el casco, la carencia de estos mismos soportes en el primero hace pensar que debía ser remolcado hasta el centro del lago. El de Nemi fue el primer pecio romano del que se recuperaron intactas sus anclas, de dos metros de largo, de madera, con cepos de plomo, con un diseño similar a las anclas de cepo o del almirantazgo reinventadas en el siglo XVII; el posterior descubrimiento de anclas similares durante el siglo XX confirmó que este era un diseño estándar en el imperio romano.

Recreación por ordenador de las naves de Nemi (fuente: Tumblr)

Las naves de Calígula contaban con bombas de achique manuales (uno de los primeros ejemplos de su uso en la historia), bombas de pistón que circulaban agua agua fria y caliente a través de tuberías de plomo (no recuperadas hasta la baja Edad Media) o plataformas giratorias para estatuas o grúas con rodamientos esféricos, tecnología adjudicada a Leonardo da Vinci y no vuelta a desarrollar hasta mucho después. Los cascos estaban construidos con planchas de madera cubiertas por lana impregnada de alquitrán y recubiertas por una fina lámina de 3 milímetros de espesor de plomo, unida a la madera por clavos de cobre.

Pero tras el asesinato de Calígula en el año 41, el Senado de Roma mandó destruir todas sus obras, y consecuentemente, tras retirar los objetos preciosos que los decoraban, los barcos fueron intencionadamente hundidos y cayeron en el olvido. Tan solo los restos que ocasionalmente sacaban del agua los pescadores de la zona mantuvieron la llama de la leyenda de los barcos del fondo del lago… hasta el Renacimiento.

Buscando la leyenda.

En 1446, el condotiero Prospero Colonna decidió encargar al humanista, matemático y poeta italiano Leon Battista Alberti la búsqueda de los barcos de Calígula. Los marangoni, buceadores profesionales venidos desde Génova fueron capaces encontrar uno de los buques, y aunque se construyó una plataforma para intentar reflotarlo, lo único que se consiguió fue arrancar algún pedazo de su estructura. Cien años después, en 1535, Francesco De Marchi, alpinista, espeleólogo e ingeniero al servicio de Alejandro de Medici utilizó un rudimentario traje de buceo para bajar el mismo al pecio, de donde extrajo madera y clavos de metal mientras era capaz de identificar la quilla de la nave, así como los suelos de mármol y objetos de bronce, cobre o plomo.

Tuvieron que pasar tres siglos para ver un nuevo intento. En esta ocasión, ya en 1827, Annesio Fusconi construyó una plataforma flotante desde la que utilizó una campana de buceo para que ocho buceadores inspeccionaran el barco hundido. Los trabajos se alargaron por veinte días durante los cuales se extrajeron trozos de mármol, mosaicos, tuberías, etc. Fusconi decidió entonces extraer el barco del fondo pero sus cuerdas no soportaron el peso. Mientras buscaba cuerdas más fuertes los habitantes cercanos al lago desmontaron su plataforma para convertirla en barriles para el vino, acabando de esta manera con su plan de recuperación.

En 1895 Eliseo Borghi y su equipo de buceadores profesionales comprobaron la posición del primer barco, del que extrajeron diversas piezas de bronce, y descubrieron la existencia de un segundo buque a unos cientos de metros de distancia. Un informe de Felice Barnabei, director general del departamento de antigüedades del Museo Nacional, denunciaba el expolio al que estaban siendo sometidos los buques, lo que obligó al gobierno italiano a exigir el cese de las actividades y a encargar al ingeniero Malfatti de la marina italiana un estudio acerca del estado de los dos buques. Malfatti llegó a la conclusión de que los barcos nunca podrían ser extraídos del fondo mediante medios mecánicos sin poner su integridad en riesgo y optaba por un plan con un nuevo enfoque: si las naves no podían ser sacadas del agua, se sacaría el agua de las naves.

Vaciando un lago.

El plan de Malfatti era utilizar una vieja conducción romana que llevaba el agua del lago hasta las granjas cercanas, y ir vaciando el lago hasta que los buques salieran a la superficie. Pero su plan quedó en un cajón por los siguientes treinta años, hasta 1927, año en el que el dictador fascista Benito Mussolini, obsesionado con la instauración de un Nuevo Imperio Romano y la utilización de todo aquello relacionado con el viejo como arma de propaganda, encargó a Guido Ucelli el drenado del Nemi con la ayuda de la marina y el ejército italiano. En octubre de 1928 las bombas comenzaban a trasvasar el agua hacia el antiguo acueducto romano y dos años después el primer barco era sacado del lago tras desplazar más de 40 millones de metros cúbicos de agua y bajar el nivel de las aguas veinte metros.

Retirar todo ese peso de agua hizo que en agosto de 1931, 500.000 metros cúbicos de barro salieran del subsuelo e inundaran el lago. El nivel de las aguas subió medio metro y las operaciones se pararon. El segundo buque, ya a la vista, volvió a sumergirse el cesar el bombeo de las aguas. Las presiones de la marina italiana consiguieron que el proyecto se retomara en marzo de 1932, y para octubre de ese mismo año el segundo buque pudo ser retirado del fondo del lago.

Extrayendo los barcos del fondo del lago (fuente: Museum of Artifacts)

Sacar los barcos del fondo del agua los estaba destruyendo. La capa de fino limo que los había protegido durante 1.900 años había desaparecido y empezaban a resecarse y deshacerse. Para evitarlo, se siguió un tratamiento ya experimentado con éxito por el Museo de Oslo en la protección de buques de la época vikinga anteriormente encontrados: se trataba de aplicar a cada pieza de madera hasta diez capas de alquitrán vegetal diluido en disolventes. Para ello, los barcos fueron desmontados pieza a pieza, estas tratadas y posteriormente vueltos a montar.

El museo de los barcos romanos.

En enero de 1936 se inauguró el Museo delle Navi Romane (museo de los barcos romanos). Así, durante algunos años, se pudieron observar en su interior las magníficas naves del emperador Calígula. La noche del 31 de mayo de 1944, en plena batalla entre el ejército americano y el alemán, un incendio destruyó el museo y las dos naves. Las fuentes no se ponen de acuerdo en quién fueron los culpables, si la artillería aliada o los nazis en retirada.

El museo no fue abierto de nuevo de modo permanente hasta 1988, y solo queda en su interior algunos objetos de bronce que no se encontraban en el museo durante el incendio y dos modelos a escala de los buques. En 1996 una organización llamada Dianae Lacus (Lago Diana) intentó reunir fondos para construir réplicas de las naves a tamaño real, pero su proyecto no llegó a término. Desde el año pasado el gobierno municipal de Nemi ha comenzado a juntar fondos para explorar el fondo del lago en busca de la un tercer navío. De aparecer, supondría un nuevo impulso al museo de las naves y a toda la comarca. Solo queda saber si la tecnología moderna podría extraerlo del fondo sin dañarlo o habría que desecar el lago nuevamente.

Para saber más:

– Los fabulosos navíos de Calígula en el lago de Nemi, en National Geographic España

– Calígula y los desaparecidos barcos gigantes del Lago Nemi, en el blog Memento Mori

– El lago Nemi y los barcos de Caligula, en la web Viator Imperi

– Los barcos de Calígula del lago Nemi, en el bog Mis viajes por la Historia

– En busca de la tercera nave de Calígula en Nemi, en el blog La túnica de Eso


Un artículo de Juan A Oliveira. Si te ha gustado la entrada, puedes seguir el blog por TwitterFacebook  o correo electrónico (búscalo más abajo),  para recibir las actualizaciones semanales.

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