
La historia de la banana trasciende su papel como una fruta tropical para convertirse en un símbolo del imperialismo económico y político en América Latina. Desde su llegada a Estados Unidos en 1870 hasta su dominación como mercancía global durante el siglo XX, la banana pasó de ser una curiosidad exótica a motor del desarrollo capitalista en la región. Su ascenso estuvo marcado por el monopolio de la United Fruit Company, una corporación que transformó la producción agrícola y dejó profundas huellas en la infraestructura, la economía y la política de países como Guatemala, Honduras y Colombia. Sin embargo, esta expansión estuvo acompañada de explotación laboral, conflictos sociales y la manipulación de los gobiernos locales.
El nacimiento de la banana como mercancía global
La banana. Esta deliciosa fruta dorada es la culpable de gran parte de la política internacional y del desarrollo del capitalismo en Centroamérica entre 1870 y 1970. Antes de convertirse en un producto de consumo masivo, simplemente era una fruta exótica atractiva por su sabor dulce. Incluso desconocida en los Estados Unidos antes de 1870, como atestiguaba Frederick Adams en su libro de 1914 “Conquest of the tropics; the story of the creative enterprises conducted by the United Fruit Company”: “Conservo un recuerdo bastante vívido de cuando comí mi primera banana. Fue en 1876, y yo, que entonces era un muchacho, visitaba la Exposición del Centenario en Filadelfia con mi padre como guía y tesorero. Cuando era joven, mi padre había pasado algún tiempo en las regiones tropicales de Centroamérica y las Antillas, y a menudo le había oído hablar de cómo se deleitaba con las bananas y otras frutas de aquellas regiones, entonces asoladas por la fiebre”.
La razón por la que ni Frederick Adams ni ninguno de los otros diez millones de visitantes de la Exposición Internacional del Centenario de Filadelfia habían probado una banana en su vida era que vivían en plena Era de la navegación a vela. Las bananas crecían en las plantaciones de Centroamérica y de las Indias Orientales, bendecidas por el clima tropical. Los grandes clippers de la época dependían de la fuerza del viento para sus travesías, y el corto tiempo de maduración de la banana no la hacía un producto favorable a la importación. Pero esto empezó a cambiar en 1870 cuando el capitán Baker desembarcó sus primeros 160 racimos de bananas en Nueva York, vendiéndolos por 15 veces el valor de su compra.
Los primeros pasos hacia la industrialización bananera
Lorenzo Dow Baker había nacido en 1840 en Wellfleet (Massachusetts). Criado en Cabo Cod, se dedicó a la pesca durante su juventud hasta hacerse capitán de barco. Como muchos otros capitanes de la época, Baker aprovechaba los viajes de retorno a los Estados Unidos para importar cualquier tipo de carga que le diera buenos beneficios, habitualmente azúcar, ron o tabaco. En 1870, tras transportar mineros de oro a Venezuela, se encontraba amarrado en el muelle de Port Moran, en Jamaica, cuando encontró algo interesante con lo que llenar la bodega de su velero “The Telegraph”: una peculiar fruta llamada banana. Once días después Baker descargaba en Nueva York y vendía su carga por 15 veces el valor de su compra. El éxito llevó a Baker a repetir la experiencia a menudo, pero el capricho de los vientos la convertía en una lotería. En muchas ocasiones Baker tenía que tirar las bananas estropeadas por la borda. Aunque la cosa mejoró cuando Baker se hizo con un buque a vapor a mediados de la década de 1880, consiguiendo hacer el viaje entre Jamaica y Boston de forma regular en semana y media. Pero las ganancias del transporte no eran suficientes para construir un imperio comercial.
En 1881 Baker y su cuñado Elisha Hopkins formaron la L.D. Baker & Co, con sede en Port Antonio, al noreste de Jamaica. Además de encargarse de la exportación de las bananas a los Estados Unidos, Baker desarrolló un sistema para que los productores locales llevaran sus frutos a los puertos cercanos a sus plantaciones, desde donde una serie de capitanes locales leales a Baker los transportaban a los puertos de recalada de los buques americanos. Y, a partir de 1882, empezó a comprar terrenos en los que plantar nuevas bananeras para asegurar la producción. El crecimiento de la empresa llevó a Baker a asociarse con Jesse Freeman y con Andrew Preston para acabar formando la Boston Fruit Company en 1888.
La creación de la United Fruit Company: Un imperio bananero
Preston había nacido en Beverly (Massachusetts) en 1846. Zapatero en su juventud, en 1885 comenzó a trabajar para exportadores de fruta en Nueva Orleans, lo que lo llevó a acabar trabajando para Jesse Freeman solo un año después, distribuyendo la mercancía de Baker a sus clientes. Su papel en la Boston Fruit Company fue clave para el crecimiento de la compañía gracias a su visión a la hora de integrar verticalmente toda la cadena de suministro del negocio. En 1895, siete años después de su fundación, la empresa era propietaria de ciento sesenta kilómetros cuadrados de terreno repartidos en treinta y cinco plantaciones, y disfrutaba de acceso directo a diferentes puertos para sus barcos. Apenas tenían competencia, comprando cuatro de cada cinco bananas de Jamaica, e imponiendo unos estándares de calidad muy altos a su producto. La muerte de Freeman en 1890 y el paso a un lado de Baker en 1899 dejaron a Preston solo al mando de la compañía, aunque ese mismo año encontró a un nuevo socio, el empresario ferroviario Minor Cooper Keith, para fundar juntos la United Fruit Company.
Keith nació en Brooklyn (Nueva York) en 1848. Tras trabajar en una tienda en su barrio, emigró a Texas en 1869 para dedicarse al criado de ganado. Pero la escasez de líneas de ferrocarril en la zona reducía las posibilidades de su negocio. Minor comenzó a interesarse cada vez más por la influencia del ferrocarril en el desarrollo de los territorios, al mismo tiempo que su hermano Henry se encontraba trabajando en la línea de tren entre Puerto Limón y San José, en Costa Rica. El proyecto era clave para la economía y supervivencia del país. Mientras la mayor parte de su agricultura, negocios y civilización se encontraban en el oeste, los principales mercados del país, Europa y los Estados Unidos, eran accesibles por mar desde el este. Pero Costa Rica se había quedado sin dinero para finalizar el proyecto. En 1871 Keith se unió a su hermano y poco después ya estaba al mando de las operaciones. Con el dinero obtenido prestado de diferentes bancos en Inglaterra Keith hizo al gobierno costarricense una oferta que no podían rechazar: acabaría la línea del ferrocarril sin ningún coste para ellos, obteniendo en compensación el control de la línea durante 99 años, el control total de Puerto Limón y cerca de 4.000 kilómetros cuadrados de terrenos junto a la línea, exentos de impuestos durante veinte años. Keith dedicó estas tierras a nuevas plantaciones de bananas, y utilizó la nueva línea de tren y el puerto para exportar la fruta a los Estados Unidos. La mercancía multiplicaba su precio en los mercados de Nueva Orleans. En 1899, Keith unió las tres compañías bananeras que controlaba con la Boston Fruit Company de Preston, naciendo la United Fruit Company.
Una de las primeras medidas de Preston como presidente de la nueva United Fruit Company fue ampliar su flota de buques mercantes. De sus primeros cuatro pequeños barcos pasaron a una de las mayores flotas comerciales del país en 1910, con 115 embarcaciones. Todos los barcos estaban pintados de blanco para reflejar la luz del sol y mantener las bananas transportadas a baja temperatura, lo que hizo que fueran bautizados como la Gran Flota Blanca. Aunque los barcos estaban destinados en un principio solamente al transporte de la fruta, la United Fruit Company pronto descubrió que podía incrementar sus beneficios incluyendo pasajeros. Cada barco transportaba una media de 35.000 racimos de bananas y entre 50 y 100 pasajeros, que disfrutaban a bordo del más alto nivel de servicio y elegancia. Los cruceros de la United Fruit Company marcaron el nacimiento del turismo en el Caribe. Y su flota hizo que se convirtiera en una fuerza dominante en la región.
Expansión y monopolio en América Latina
Preston y Keith construyeron una red de ferrocarriles y plantaciones de bananas desde Guatemala hasta Colombia, pasando por Honduras, El Salvador, Belice, Costa Rica, Nicaragua, Panamá o Ecuador, e incluyendo islas del Caribe como Cuba y Jamaica. Sus barcos transportaban la fruta hasta Nueva Orleans. Desde el muelle de Desire Street, las bananas se cargaban en trenes y desde allí llegaban a todos los rincones del país. La llegada de la radio a los barcos permitía que cada racimo de banana fuera vendido antes de llegar a los Estados Unidos. Cientos de agentes de la compañía acompañaban a las bananas en su viaje en vagones refrigerados hasta su destino, asegurando que la carga llegara al consumidor en las mejores condiciones. En pocos años la United Fruit Company se hizo con un monopolio casi total del mercado del deseado fruto. Y con el poder económico llegó un poder político que superaba en muchos casos a los de los países en los que operaba. Conocida como “Mamacita” o “El Pulpo”, la compañía representaba lo peor del capitalismo más salvaje aliada con el imperialismo estadounidense en América Latina.
El lado oscuro del progreso: explotación y conflictos laborales
Su posición de dominio en el mercado le permitía entrar en guerras de precios que hundían a su competencia. En ocasiones compraban bananas y las dejaban pudrir simplemente para que las otras compañías no se hicieran con ellas. Socialmente, la compañía construyó escuelas y viviendas para sus empleados, hospitales y laboratorios de investigación. Pero aunque los trabajadores de la United Fruit Company cobraban más que en otras plantaciones, lo hacían en bonos que debían gastar en las propias tiendas y servicios de la compañía, no en moneda local, cercenando el desarrollo económico de la región en la que operaban. Además, se les pagaba por día trabajado, y no siempre había trabajo para todos. Muchos acababan así endeudados con la misma empresa. Ante cualquier atisbo de sindicalismo o lucha social, la empresa frutera abandonaba áreas enteras de producción, derribando las viviendas y escuelas que había construido. La compañía practicaba un racismo y clasismo institucionalizado, en el que tanto las viviendas como los hospitales y servicios ofrecidos siempre eran mucho mejores para los directivos de la empresa que para los trabajadores del campo. De hecho, las condiciones de salubridad en las que vivían en las plantaciones eran pésimas, sin ventilación, agua potable, duchas o retretes.
Contra estas malas condiciones de trabajo los trabajadores de Colombia hicieron huelgas en 1910, 1918 y 1924. El 12 de noviembre de 1928 la región de Santa Marta vivió la mayor huelga jamás vista en el país. Más de 25.000 trabajadores de las plantaciones se negaron a cortar los bananos. Durante casi un mes se paró por completo la producción y exportación de banano mientras los trabajadores pedían a la empresa sentarse a negociar. La posición de la United Fruit Company fue apelar al gobierno conservador de la época y éste respondió poniéndose del lado de la compañía, enviando tres batallones a las plantaciones y encarcelando decenas de huelguistas. Como la huelga no acababa, la compañía frutera reclamó la ayuda del gobierno estadounidense, que amenazó con una invasión militar. Ante esto, la noche del 5 de diciembre soldados colombianos dispararon sobre una reunión pacífica de millares de huelguistas, acabando con la vida de más de mil personas.
Intervencionismo y manipulación política en América Latina
Y si el gobierno local ponía algún tipo de problema, siempre podían contar con el apoyo del gobierno estadounidense para hacerlo cambiar de opinión o directamente sustituirlo por otro. En 1901, el dictador guatemalteco Manuel Estrada Cabrera otorgó a United Fruit Company en exclusiva el derecho a transportar correo entre Guatemala y los Estados Unidos. Aliado con el gobierno local, Keith creó la Compañía Guatemalteca de Ferrocarril como una filial de la compañía bananera y contrató con Cabrera la construcción de un ferrocarril entre la Ciudad de Guatemala y Puerto Barrios, obteniendo a la vez el permiso de compra de terrenos en Puerto de Barrios a precio nominal y recibiendo una tierra de 1.500 por 500 metros junto al muelle municipal. Guatemala llegó a representar el 25% de la producción de banana de la United Fruit Company. Pero para llegar a ese nivel, la empresa no dudaba en amenazar, maltratar y matar a quién hiciera falta, instaurando un reino del terror en el país.
Mientras tanto, en los Estados Unidos, la compañía presentaba una imagen muy diferente. La empresa gastaba una fortuna en publicidad, con un departamento dirigido en los años cuarenta por Edward Bernays, el conocido como “padre de las relaciones públicas”. En 1944 los guatemaltecos derrocaron al dictador derechista en el poder, Jorge Ubico, y dieron paso a sus primeras elecciones en la historia, en las que resultó ganador Juan José Arévalo. El nuevo gobierno de Arévalo construyó aproximadamente 6,000 escuelas en Guatemala e hizo grandes progresos en educación y salud pública. También puso en marcha una política agraria de distribución de las tierras inutilizadas por los grandes terratenientes, que aunque representaban poco más del dos por ciento de la población eran poseedores del setenta por ciento de la tierra cultivable del país. Su sucesor, Juan Jacobo Árbenz, llegó al poder en 1951 y continuó la política de Arévalo. Uno de los grandes poseedores de tierra era la United Fruit Company, que usaba poco más del 5% de tierra que poseía en toda la región para cultivar bananas. El gobierno de Árbenz aprobó un decreto para expropiar tierras ociosas comprometiéndose a indemnizar a la compañía según el valor que la empresa había dado a las fincas en sus declaraciones de impuestos. Pero la United Fruit Company reclamaba mucho más.
La postura rígida del gobierno guatemalteco llevó de nuevo a la compañía frutera a reclamar la ayuda del gobierno de los Estados Unidos, apoyándose en una campaña publicitaria de Bernays en la que acusaba a Árbenz de comunista a las órdenes de Moscú. La United Fruit pagaba viajes a Guatemala a periodistas de grandes medios y les organizaba testimonios falsos de bombas, algaradas comunistas y asesores soviéticos. También distribuía por los centros del poder en Washington informes anónimos sobre “el peligro comunista en Guatemala”. La recién creada CIA organizó una operación encubierta bautizada como PBSUCCESS, financiando y entrenando en Nicaragua a un pequeño ejército golpista al mando del coronel Carlos Castillo Armas. El golpe de estado llegó en 1954. Con la salida al exilio del presidente Árbenz y la llegada al poder de Castillo se anularon todas las reformas que perjudicaban a la United Fruit Company.
En enero de 1959 Fidel Castro entró victorioso en La Habana. Su pequeño grupo de revolucionarios había acabado con la dictadura de Batista, amigo del gobierno de Estados Unidos, que había visitado varias veces las 8.000 hectáreas que la United Fruit Company tenía en Cuba. En agosto de 1960, Fidel anunció la expropiación forzosa de veintiséis empresas, entre las que se encontraba la compañía frutera. Menos de un año después, la noche del 17 de abril de 1961 una fuerza de 1.400 paramilitares impulsada por la administración estadounidense desembarcó en la bahía de Cochinos con el fin de derrocar al gobierno de Fidel. Entre los barcos que trasladaron a las tropas, se encontraban al menos dos de la Gran Flota Blanca de la United Fruit Company, que buscaba recuperar su posición de privilegio en la isla. El acuerdo lo habían gestionado en secreto el fiscal general Robert Kennedy, hermano del presidente y algunos directivos de la compañía. La fuerza invasora fue derrotada en tres días por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba (FAR) y se rindió el 20 de abril. La victoria del gobierno cubano consolidó el papel de Castro como héroe nacional.
La transformación en Chiquita y las secuelas del legado bananero
La llegada de los años 70 trajo las primeras dificultades para la United Fruit Company. Tenían problemas con los tribunales, con las huelgas de trabajadores y con las enfermedades de las bananas. Además, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá se habían unido en un intento de formar un cartel de países exportadores de banana con el fin de lograr un mayor poder de negociación con la United Fruit Company. Renombrada como United Brands, su enorme crisis interna quedó expuesta al público el 3 de febrero de 1975, cuando su presidente Eli Black saltó al vacío desde la ventana de su despacho en el piso 44 del edificio PanAm de Nueva York. Black, aprovechando el momento de debilidad que Honduras vivía después del paso del huracán Fifi, había intentado sobornar al gobierno militar del país con un millón de dólares para que abandonaran el cártel bananero enfrentado a la compañía. Desde ese momento la empresa frutera empezó a operar más discretamente, aunque sin abandonar sus viejos vicios.
Renombrada en los años 90 como Chiquita Brands International, en 2007 se declaró culpable de haber financiado a un grupo paramilitar colombiano de extrema derecha, las Autodefensas Unidas de Colombia. La compañía reconoció haber dado a este grupo al menos 1,7 millones entre 1996 y 2004 para obtener “protección” para sus plantaciones y empleados. Un jurado de Florida concluyó en 2024 que la empresa fue responsable de ocho asesinatos mediante estos pagos. Siete directivos de Banadex, empresa filial de Chiquita Brands en Colombia, acabaron condenados a once años de cárcel y una multa de 3,4 millones de dólares. Hoy en día la empresa mantiene unos 18.000 empleados y su sede principal se encuentra en Suiza. La pegatina azul de su logo sigue siendo un sinónimo de dominación en un puñado de países a los que les tocó ser “repúblicas bananeras” que todavía arrastran su doloroso legado.

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Juan A Oliveira es Ingeniero Técnico Naval por la Universidade da Coruña y MBA por la UNIR. Con más de 20 años de experiencia en el sector naval, desde 2013 edita y coordina el blog vadebarcos.net. Puedes conectar con él a través de LinkedIn.
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