Sostener el esfuerzo bélico en Europa tras la caída de Francia bajo el nazismo en 1940 no era tarea fácil para los aliados. Sus mercantes eran hundidos uno tras otro por los submarinos alemanes en el Atlántico. Para revertir la situación, Inglaterra encargó a los Estados Unidos la construcción de 60 nuevos buques de carga basados en un simple pero efectivo diseño, la clase Liberty, novedosa en diseño, en técnicas constructivas, en el número de mujeres trabajadoras en los astilleros y en el uso de la soldadura en lugar de remaches. Esto último parecía la causa de que muchos de los cascos de los Liberty se rompieran, pero fue otra mujer, la británica Constance Tipper, la que descubrió la causa que se encontraba tras este problema.