El DSV (Deep-Sumergence Vehicle) Alvin de la US Navy

El DSV Alvin es un submarino tripulado autopropulsado de exploración y reconocimiento, perteneciente a la US Navy y operado por la Institución Oceanográfica de Woods Hole (WHOI) norteamericana. Capaz de sumergirse a casi 2.500 metros de profundidad, el Alvin ha realizado más de 4.600 inmersiones desde su puesta en funcionamiento en 1964, investigando desde formas de vida capaces de sobrevivir en total obscuridad y soportando grandes presiones, a la exploración de los restos del Titanic tras su descubrimiento en 1985.

Durante estos 58 años el Alvin ha dado acceso a los investigadores norteamericanos a las profundidades del océano, permitiendo la observación así como la recogida de muestras para diferentes investigaciones, tanto físicas, químicas, geológicas como biológicas. Su uso ha permitido el desarrollo de este tipo de vehículos aumentando las posibilidades de los científicos de realizar todo tipo de investigaciones submarinas.

En febrero de 1956, 103 científicos se reunieron en Washington para decidir cuál debía ser el futuro de la investigación del fondo del océano. Entre ellos se encontraba Allyn Vine, un joven geofísico de la WHOI. Vine era partidario de la investigación in situ, desplazándose al fondo marino, en vez de hacerlo desde la superficie mediante medios remotos como defendían algunos de sus compañeros.

En la reunión se encontraban presentes Bob Dietz, de la Oficina de Investigación Naval (ONR) y Jacques Piccard. Ambos mostraron a los presentes las capacidades del batiscafo Trieste, en el que Picard ya había descendido por aquel entonces a profundidades de 3.000 metros. De esta reunión salieron dos decisiones: por un lado, los americanos desarrollarían un programa para obtener vehículos submarinos capaces de transportar personas y sus instrumentos bajo el mar a grandes profundidades; por otro lado, una delegación de la ONR se desplazaría a Trieste para hacerse con el batiscafo italiano.

Fuente: Wikipedia

La compra fue realizada en 1958 por un valor de 250.000 dólares de la época; tan sólo dos años después, el 23 de enero de 1960, Picard y el teniente de la marina americana Don Walsh hacían historia al descender a la fosa de las marianas a bordo del Trieste, llegando a alcanzar una profundidad de 11.034 metros. Sin embargo, el Trieste era demasiado grande para el trabajo del día a día. Se hacía necesaria la construcción de un vehículo más pequeño y manejable.

La construcción del nuevo sumergible fue encargada a la empresa americana General Mills con un contrato de 498.500 dólares, siguiendo un diseño del ingeniero Harold “Bud” Froelich. El nuevo vehículo medía 6,7 metros de eslora (por los 18 metros del Trieste) por 2,44 metros de manga, con un desplazamiento de 16 toneladas, y capacidad para transportar a dos investigadores y un piloto durante nueve horas a profundidades de 2.000 metros, soportando la presión gracias a su esfera de acero HY-100 de 2 metros de diámetro y 3,38 centímetros de grosor.

Los investigadores podían observar al exterior por cinco visores, y manejar dos brazos robóticos equipados con material científico capaces de levantar 100 kilogramos; el motor del submarino le permitía desplazarse a dos nudos, aunque podía llegar a 6 en casos de emergencia. La esfera que albergaba a los tripulantes podía separarse del casco en caso de accidente, regresando a la superficie por flotación.

El 5 de junio de 1964 se celebraba la ceremonia de entrada en servicio del nuevo sumergible. Todo el mundo había empezado a llamarlo Alvin, en honor de su impulsor Allyn Vine, y este fue el nombre finalmente elegido para bautizarlo. El propio Vine, acompañado por el diseñador Froelich y el piloto Bill Rainnie fueron los tripulantes en la primera inmersión.

Las primeras pruebas de las verdaderas capacidades del Alvin tuvieron lugar en las Bahamas, permaneciendo sumergido durante 12 horas alcanzando los 2.300 metros de profundidad, pero la primera misión importante del nuevo sumergible tendría lugar muy lejos de allí, en la costa española del mar Mediterráneo.

El 17 de enero de 1966, un bombardero americano B-52 y un avión nodriza KC-135 chocaban y se destruían durante una maniobra de reaprovisionamiento en el aire sobre la localidad almeriense de Palomares. Tres de las cuatro bombas nucleares que transportaba el bombardero cayeron en tierra, sin llegar a detonar su carga nuclear, y fueron localizadas en cuestión de horas. La cuarta cayó en el mar Mediterráneo. Los EE.UU. movilizaron 34 buques y cuatro sumergibles para localizarla y recuperarla, entre ellos el Alvin. El 17 de marzo de 1966, tras 80 días de búsqueda, el Alvin encontró la bomba a 869 metros de profundidad y unas cinco millas de la costa. La bomba fue más tarde recuperada gracias al CURV, un equipo utilizado para la recuperar torpedos del fondo marino.

Equipado desde 1973 con una nueva esfera de titanio que aumentaba la profundidad operativa del sumergible de los 2.000 a los 3.700 metros, el Alvin pasó el final de la década de los 70 y el principio de los 80 investigando las fuentes termales profundas y los ecosistemas quimiosintéticos que se forman a su alrededor a unos 2.000 metros de profundidad en el entorno de las islas Galápagos y la dorsal del Pacífico Oriental. El oceanógrafo Bob Ballard y el geofísico Jean Francheteau utilizaron el Alvin para tomar muestras del agua que expulsaban estas fuentes, descubriendo que el agua salía a temperaturas de 350 grados centígrados y que su pH era tremendamente ácido.

Fuente: NSF

En 1984 se encargó a Ballard la búsqueda de los pecios de los submarinos nucleares USS Thresher y USS Scorpion hundidos en los años sesenta en el fondo del Atlántico Norte. Ballard y su equipo encontraron los submarinos y al año siguiente la marina organizó una segunda expedición al pecio del Scorpion, y tras ella, permitió a Ballard utilizar sus equipos para que pudiera buscar el Titanic. El lunes 2 de septiembre de 1985 aparecieron los primeros restos del buque. Al día siguiente, 73 años tras el hundimiento del Titanic, y a una profundidad de unos 3.800 metros, el sumergible Argo empezó a enviar las primeras imágenes del buque en el fondo del mar.

Ballard y su equipo inspeccionaron el exterior del buque, confirmando que el Titanic se había partido en dos partes en el hundimiento, separadas entre sí unos 500 metros, estando la popa en mucha peor condición que la proa. Los compromisos del Knorr con otras expediciones obligaron a Ballard a detener su exploración; el americano mantuvo la localización exacta del pecio, 600 kilómetros al sur sureste de Terranova, en secreto.

Al año siguiente Ballard y su equipo retornaron al Titanic a bordo del buque Atlantis II, equipados con el Alvin, a bordo del cual el propio Ballard, el piloto Ralph Hollis y el copiloto Dudley Foster, se convirtieron en las primeras personas en visitar el buque en casi 75 años. Durante seis días Ballard y su equipo inspeccionaron el Titanic, en el exterior con el Alvin y utilizando el ROV Jason Jr., mucho más pequeño, para tomar imágenes del interior del buque.

Fuente: Flickr

Ya en el siglo XXI, el Alvin participó en la exploración del campo hidrotermal Ciudad Perdida en el océano Atlántico, o en el análisis de los daños causados por el derrame de petróleo de la plataforma Deepwater Horizon. Durante sus 58 años de servicio, cada pieza del Alvin ha sido sustituida por lo menos una vez; la última vez que el sumergible pasó por el taller para mantenimiento fue en 2014, cuando se le instalaron nuevas cámaras, luces y una nueva esfera de titanio más grande, capaz de sumergirse a 6.500 metros de profundidad, aumentando su campo de acción del 65% del fondo oceánico al 98%, y permitiendo que el Alvin siga sorprendiéndonos con sus descubrimientos durante unos cuantos años más.

Fuente: EOS


Juan A Oliveira es el responsable de las Áreas de Ingeniería Naval Aplicada y Estructuras en CT Ingenieros. Desde 2013 edita y coordina el blog de temática naval vadebarcos.net. Puedes conectar con él a través de Twitter o LinkedIn.

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