Cuando en 1690 el culo de una reina de España bautizó una piedra de la ría de Ferrol

El HMS Duke, el Castillo de La Palma al fondo, y la reina Mariana de Neoburgo en la piedra que bautizó su resbalón. Ilustración de Roberto Hernández, El Ilustrador de Barcos

En 1690 la recientemente coronada reina Mariana de Neoburgo llegó a España para conocer a su marido, el rey Carlos II de Austria. Pero un accidente al poner el pie por primera vez en territorio español acabó bautizando una piedra de la ría de Ferrol como “o cu da raíña”, “el culo de la reina” en castellano.

Carlos II de España, “el Hechizado” comenzó su reinado al alcanzar la mayoría de edad en 1665 tras la regencia de su madre, Mariana de Austria. El hijo y heredero de Felipe IV era una persona débil y enfermiza, posiblemente debido a los continuos matrimonios consanguíneos ​de la familia real. Durante los diez años de su matrimonio con María Luisa de Orleans, sobrina de Luís XIV, no consiguieron tener descendencia. A la muerte de ésta en febrero de 1689,se hacía necesario encontrar una nueva esposa para el rey que le diera un heredero.

Las principales candidatas eran Isabel María de Portugal, Mariana de Médicis, hija del Gran Duque Cosme III de Florencia y Mariana de Neoburgo, hija de Felipe Guillermo de Baviera. Esta última fue la escogida por sus simpatías pro austriacas y anti francesas, pero sobre todo por la fama de fertilidad de su familia: su madre Isabel Amalia de Hesse-Darmstadt había criado a nueve hijos y ocho hijas tras veinticuatro embarazos. Así, el 28 de agosto de 1689 se celebró en Ingolstadt (Alemania) su boda por poderes, y seis días después la nueva reina comenzó su viaje a España.

Mariana de Neoburgo

La guerra de los Nueve Años, que había empezado el año anterior, mantenía a media Europa beligerando, lo que impidió el viaje por tierra de Mariana de Neoburgo. Por ello, el conde de Mansfeld escogió una ruta alternativa que comenzó por tierra partiendo de Neoburgo, en Baviera hasta Rotterdam, y de ahí en barco a Flesinga. La lentitud del séquito debido al mal tiempo hizo que la comitiva no llegase hasta esta ciudad de los Países Bajos hasta diciembre, y la partida planeada hasta Inglaterra no se realizó hasta el 30 de enero de 1690, casi cinco meses después de haber salido de Neoburgo. Mientras tanto, en España, el 28 de septiembre había partido la comitiva real que debía recibir a la reina en Santander. 

La flota de la reina dejó Portsmouth el 19 de marzo con destino al puerto cántabro, con esta a bordo del HMS Duke, un barco de segunda clase de 50 metros de eslora por 14 metros de manga, construido en 1682 en Woolwich Dockyard, en el estuario del Támesis. El viaje fue un infierno por el mal estado de la mar, con mareos y malestar casi continuo. Las continuas tormentas hicieron a la flota desviarse en su destino hacia A Coruña, pero el oleaje y el fuerte viento los obligaron a buscar refugio en la ría de Ferrol, en donde el 28 de marzo el Duke encalló cerca de la villa de Mugardos.

El desembarco de la reina no se produjo hasta el 16 de abril, siete meses y medio después de su partida de Neoburgo, con tal mala suerte que al poner el pie en la piedra elegida para ello la reina se resbaló y se cayó sentada sobre su culo. Desde ese día, esa piedra redondeada situada junto al castillo de la Palma, en la margen sur de la ría de Ferrol, se conoce como “o cu da raiña”, “el culo de la reina” en castellano. Tras el traspié, la reina fue tratada muy bien en Mugardos, lo que le valió el título de Real Villa otorgado por Carlos II, el primero de los dos que ostenta, además de eximir a los jóvenes mugardeses del servicio en el ejército o la marina.

De Mugardos la reina pasó a Pontedeume, en donde hizo dos noches, Betanzos y A Coruña. Antes de dirigirse a la Corte en Valladolid, la reina quiso peregrinar a Compostela para postrarse ante el Apóstol. Parecía que la mala suerte perseguía a Mariana de Neoburgo, ya que el botafumeiro se soltó en plena función cayendo a sus pies y no aplastándola de milagro. La comitiva llegó finalmente a Valladolid el 3 de mayo de 1690.

Durante los diez años que estuvo casada con Carlos II, hasta la muerte de este el 1 de noviembre de 1700 con 38 años, Mariana llegó a fingir once embarazos, pero de embarazos fingidos no salen herederos al trono. La sucesión no solo era un tema de estado en España, sino que los diferentes estados europeos tomaron cartas en el asunto, intentando imponer a sus candidatos. Finalmente, y tras la guerra de sucesión española (1701-1713), la firma del Tratado de Utrecht reconoció a Felipe de Anjou como rey de España con el nombre de Felipe V, comenzando con el reinado en España de la Casa de Borbón-Anjou, sólo interrumpida desde aquella durante la ocupación napoleónica (1808-1813), el Sexenio Revolucionario (1868-1874), la Segunda República (1931-1939) y la dictadura del general Franco (1939-1975).

La última reina, Mariana de Neoburgo (1667-1740)
Mariana de Neoburgo

Por su parte, tras la muerte del rey Mariana vivió un tiempo en el Alcázar de Toledo, antes de ser ocupada esta ciudad por su sobrino en 1706, el archiduque Carlos de Austria, pretendiente al trono de España y al que Mariana apoyaba. Al recuperar la ciudad Felipe V, este la desterró a Bayona (Francia). Allí Mariana se instaló y vivió olvidada por casi todos durante 33 años, pero conoció el amor con una persona de su séquito, Jean de Larrétéguy, con el que, si bien en el más estricto de los secretos, finalmente sí tendría descendencia. Ya anciana y enferma, en 1739 regresó a la corte, instalándose en el Palacio del Infantado en Guadalajara, donde falleció el 16 de julio de 1740. Su cuerpo descansa en el Monasterio de El Escorial.

Quizá Mariana de Neoburgo sea una de las reinas más olvidadas de la historia de España, pero gracias a su culo siempre será recordada en la ría de Ferrol.


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Juan A Oliveira es Ingeniero Técnico Naval por la Universidade da Coruña y MBA por la UNIR. Desde 2013 edita y coordina el blog de temática naval vadebarcos.net. Puedes conectar con él a través de Twitter o LinkedIn.

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