Cuando en 1880 el Livadia (1880-1926), el nuevo yate del zar, se rompió en su viaje inaugural y tuvo que ser reparado en Ferrol

Si existió alguien realmente enamorado de las ideas del ingeniero naval escocés John Elder sobre barcos circulares, ese fue el vice almirante Andrei Alexandrovich Popov. Popov no solo construyó los dos únicos buques militares circulares de la historia, el Novgorod y el y el Kiev (más tarde renombrado como Almirante Popov su honor), sino que añadió a su colección el nuevo yate real del zar Alejandro II, el Livadia. Aunque Popov evolucionó el casco hacia una forma elíptica y consiguió resultados de velocidad y potencia equiparables a buques de la época de casco convencional, el fondo totalmente plano del yate dio problemas ya desde su viaje inaugural, lo que acortó de manera extrema la vida del buque como yate real.

Ángeles Alvariño

Ángeles Alvariño González, nacida en Ferrol el 3 de octubre de 1916, es la única mujer científica española que aparece en la Encyclopedia of World Scientists, obra que incluye a los 1.000 científicos más importantes de todos los tiempos, y en la que solo figuran otros dos españoles (los premios Nobel Severo Ochoa y Ramón y Cajal).

Sobre ella hay mucho escrito. Sin embargo, parece que todavía no se le da el crédito que merece, ni siquiera en su Ferrol natal, donde una pequeña “placita” dentro del campus de Esteiro, solamente señalada por una placa ilegible desde más de 2 metros de distancia, nos recuerda que esta mujer nació en esta esquina del noroeste peninsular.

Extravagantes barcos circulares: del remolcador Umemaru al buque blindado Novgorod (1873-1911)

Los barcos circulares son una excepción. No hay muchos ejemplos en la historia de la construcción naval, y siempre son representados como una excentricidad de su diseñador. El único caso en activo que conozco es el remolcador Umemaru que opera en Japón desde hace unos pocos años. Pero el más famoso sin duda de todos ellos es el Novgorod, un buque blindado construido en la Rusia de finales del siglo XIX por Andrei Alexandrovich Popov, basado en las ideas del ingeniero escocés John Elder, el cual defendía que ampliar al máximo la manga del buque permitiría reducir la superficie a ser blindada a la vez que aumentar el tamaño y potencia de los cañones embarcados.