Las vidas cruzadas de Lyubimova y Tharp, maestras de la oceanografía

Es curioso cómo las historias de la primera mujer científica que embarcó en un buque oceanográfico estadounidense y de la primera persona en cartografiar los fondos de todos los océanos se cruzan. La primera fue una mujer rusa, la segunda, una estadounidense a quien, por su género, no permitían embarcar en un buque de investigación.

La prohibición de embarcar para mujeres tiene una larga historia que nos dejó imágenes como ésta, donde podemos observar a nuestras dos protagonistas: Yelena Aleksandrovna Lyubimova (Moscú, 1925 – Moscú, 1985) después de la expedición en el barco científico Argo y la oceanógrafa estadounidense Marie Tharp (Ypsilanti ,1920 – Nyack, 2006), que se vio obligada a estudiar el océano desde tierra firme.

Elena Lyubimova (izquierda) y Marie Tharp (derecha). Año 1964. Foto de G. Udintsev.

Hoy en día en el campo de la oceanografía trabajan cientos de científicas y científicos. Sin embargo, hasta mediados de la década de 1960, ellas no podían participar en expediciones oceanográficas salvo raras excepciones.

Durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial no se permitía el embarque de mujeres en los buques de investigación de instituciones oceanográficas estadounidenses. Roberta Eyck intentó en 1956 subir a bordo de uno de estos barcos disfrazada de hombre, y su ‘osadía’ acabó con su despido del Instituto Oceanográfico Woods Hole.

En la Europa occidental existía una prohibición similar no escrita, pero la Unión Soviética no contemplaba tal limitación. Durante la década de 1930, las expediciones marítimas soviéticas en el Ártico y el Atlántico fueron dirigidas por Maria Klenova, geóloga marina del Instituto de Oceanología de Moscú. Otras destacadas oceanógrafas rusas que comenzaron su investigación antes de la Segunda Guerra Mundial fueron la sedimentóloga Tatyana Gorshkova, la geofísica Raisa Demenitskaya y la bióloga Zinaida Filatova. Y en España, sin ir más lejos, Jimena Quirós realizó su primera campaña oceanográfica en 1921 (aunque posteriormente vio su carrera truncada por la Guerra Civil).

La oceanografía soviética estaba muy desarrollada en ese momento gracias a varias instituciones con una flota de buques científicos dedicados a la causa. Sin embargo, la teoría de la tectónica de placas, a la cual se prestaba mucha atención en Occidente, no recibió mucha atención por su parte hasta la década de 1970.

La negativa occidental a la participación de mujeres en las expediciones oceanográficas llegó a su fin sin pretenderlo en 1963, cuando el Instituto Oceanográfico Scripps de California propuso durante el Congreso de Geofísica desarrollado en agosto de ese año en Berkeley una expedición conjunta entre los Estados Unidos y la Unión Soviética en el Pacífico Sur ,a bordo del buque de investigación Argo, insignia del instituto: la expedición Anfitrite, llamada así en honor de la antigua diosa griega del mar, esposa de Poseidón.

El Argo en 1962, durante la expedición Lusiad. Imagen del Instituto Scripps.

La propuesta fue aprobada por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, y se informó de que participarían dos científicos soviéticos, una noticia increíble en plena Guerra Fría. La segunda sorpresa llegó cuando se dieron cuenta de que que uno de los científicos propuestos por la Unión Soviética era una mujer, la geofísica Yelena Lyubimova, geofísica y jefa del laboratorio geotérmico del Instituto de Física de la Tierra de la Academia de Ciencias de su país. El Instituto Scripps no pudo negarse y Yelena participó junto a su compañero Gleb Udintsev en la expedición, estudiando a bordo los flujos de calor en el fondo del mar. De este modo, se dio la paradoja de que la primera oceanógrafa en embarcar en un barco estadounidense fue una científica rusa.

Yelena nació en Moscú y se graduó en 1949 en la Facultad de Física de la Universidad Estatal de esa ciudad. Su tutor la consideraba una de sus estudiantes más capacitadas. Toda su carrera profesional se desarrolló en el Instituto Geofísico, hoy en día el Instituto de Física de la Tierra de la Academia de Ciencias de Rusia. Su investigación abarcó la geofísica y la geotermia: el intercambio de calor en el interior de la Tierra, la evolución de la Tierra y la Luna, las zonas de subducción y propagación, el flujo de calor a lo largo de continentes y océanos en el Ártico, las anomalías de flujo de calor o la electroconductividad.

Para que ella embarcara se hicieron muchos preparativos a bordo, como la disposición de un baño específico, entre otros. Al principio, los miembros de la tripulación fueron muy recelosos: no solo participaban científicos rusos, sino también una mujer. Pero Yelena resultó ser una persona extraordinaria que pronto se granjearía su amistad.

Yelena en una de las pocas imágenes que se encuentran de ella.

Enrico Bonatti, oceanógrafo italiano participante en la expedición recordaría más adelante que “Fue una expedición maravillosa (…). A pesar del hecho de que había una mujer a bordo, no nos metimos en una tormenta, no nos encontramos con icebergs, no fuimos atacados por piratas y nuestro barco no se hundió”.

Mientras tanto, otras científicas marinas estadounidenses no podían participar en las expediciones y debían trabajar en tierra firme. Tras este acontecimiento, las mujeres oceanógrafas por fin participaron libremente en expediciones en buques de investigación.

La geofísica del Instituto Scripps Tanya Atwater dirigió una expedición cuyo equipo científico estuvo formado solo por mujeres a bordo del buque Ellen B. Scripps. A finales de la década de 1960 otras organizaciones científicas en Estados Unidos, incluso la Marina de los EE. UU., permitieron navegar a las mujeres, entre ellas a Marie Tharp, quien en 1965 pudo embarcar por primera vez a la edad de 45. Antes de eso, y a pesar de su especialización, un compañero se encargaba de tomar los datos en el mar y Marie usaba esa información para dibujar a mano los mapas.

Marie Tharp nació en Ypsilanti (Michigan) en 1920. Con motivo de la Segunda Guerra Mundial, en Estados Unidos, mientras los hombres luchaban en el frente, se animó a muchas mujeres a que eligieran “títulos masculinos”; es decir, los relacionados con ciencia y tecnología, entre otros.

Tras graduarse en Geología en 1944 por la Universidad de Michigan, decidió trabajar en la compañía Stanolind Oil (fue una de las “Petroleum Geology Girls”). Sin embargo, decidida a buscar nuevos retos, se graduó en Matemáticas por la Universidad de Tulsa y después, viajó a Nueva York, donde comenzaría a desarrollar esa parte de su carrera tan fructífera.

Marie Tharp en 1944. Imagen del Lamont-Doherty Earth Observatory.

Marie empezó a trabajar en 1948 en Nueva York en el Laboratorio Geológico Lamont con Maurice Ewing. Le preguntaron si sabía dibujar, pues trabajaría como cartógrafa oceanográfica, es decir, haciendo mapas del relieve de los fondos oceánicos. Después de dos semanas trabajando en el laboratorio, conoció al geólogo Bruce C. Heezen. En conjunto pusieron en marcha varios proyectos, sin saber que en un futuro iban a ser pioneros en la geología y oceanografía modernas: pocas personas en el mundo pueden decir que su trabajo sirvió para mostrar como es el 70% de todo el planeta. Marie Tharp sí.

En la Guerra Fría los presupuestos destinados a la investigación de los océanos se dispararon. El conocimiento de Tharp en geología fue útil en ese momento para encontrar barcos hundidos, y también para facilitar el trabajo a los submarinos estadounidenses. El Atlántico Norte fue el primero que investigaron, puesto que era el más conocido. Tharp trabajaba desde su oficina mientras Heezen le enviaba los datos necesarios para seguir cartografiando el suelo oceánico desde alta mar.

En 1953, mientras dibujaba, se dio cuenta de que en medio del océano Atlántico había una línea dorsal, la grieta más grande que había visto jamás, que demostraba la existencia de la dorsal medioceánica, una enorme cordillera submarina que atraviesa el océano por su centro de norte a sur, pero Heezen no la creyó…hasta pasado un año, cuando dio su brazo a torcer y le concedió el descubrimiento a su compañera.

En 1959 publicaron el primer mapa hecho a mano que representaba el fondo del Atlántico Norte. En 1961 publicaron uno del Atlántico Sur y más tarde, en 1964, el del Océano Índico.

Marie trabajando. 1964. Imagen del Lamont-Doherty Earth Observatory.

La representación de los suelos oceánicos fue una auténtica revolución, probando que en el fondo marino también existían relieves y que además, podían ser más grandes que los que había en la superficie. Gracias a este descubrimiento, se validaron las teorías geológicas más importantes del siglo XX: la tectónica de placas y la deriva continental.

Junto al artista Heinrick Berann, Tharp creó un sistema de colores para pintar los mapas: rojo para la zona volcánica, azul para la zona de las llanuras abisales y púrpura para las dorsales oceánicas. Tharp siguió trabajando durante veinte años con datos de expediciones oceánicas que se hicieron más tarde. El resultado de ese gran trabajo de documentación vio la luz en 1977 (Heezen murió ese mismo año) cuando presentó el mapa mundial del fondo oceánico.

El mérito de estas dos mujeres fue ampliamente reconocido, aunque sus figuras no han sido, seguramente, suficientemente celebradas.

Yelena fundó el Comité Internacional de Flujo de Calor y fue su presidenta entre 1971 y 1979. Coordinó un proyecto importante para mapear el flujo de calor en la litosfera y fue autora de numerosos artículos científicos. Durante sus más de 35 años en el Instituto Geofísico, supervisó a numerosos candidatos doctorales. Murió el 22 de abril de 1985 a la edad de 60 años.

Marie, por su parte, siguió trabajando en la facultad de la Universidad de Columbia hasta 1983, después de lo cual emprendió un negocio de distribución de mapas en South Nyack, Nueva York durante su retiro. Fue galardonada con el Women Pioneers in Oceanography Award en 1999, y resumió su experiencia del modo siguiente:

Yo tenía un lienzo blanco para llenar con extraordinarias posibilidades, un rompecabezas fascinante para armar. Eso era una vez en la vida –una vez en la historia del mundo–. Fue una oportunidad para cualquier persona, pero especialmente para una mujer de la década de 1940.”


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Laura Alonso es Ingeniera Naval y Oceánica por la UDC. Viguesa de nacimiento, Ferrolana de adopción. Dedicada al Apoyo Logístico Integrado y el continuo aprendizaje por vocación. Puedes conectar con ella a través de LinkedIn.

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2 comentarios en “Las vidas cruzadas de Lyubimova y Tharp, maestras de la oceanografía

  1. Que difícil tuvo que ser, investigar y trazar mapas submarinos desde su casa (Tharp). Sin embargo lo logró y no sólo eso, descubrió cosas desde su mesa de mapas. Es un mérito increíble que pocos pueden superar.

    Por otra parte, cuando era niño, en mi puerto natal (Las Palmas) llegaban los buques científicos soviéticos, desembarcando tal cantidad de mujeres que parecía que ya los tiempos empezaban a cambiar para mejor. Sin embargo, sorprende tanto que una nación como EEUU tuviese vetado el trabajo de científico de campo a las mujeres, obligándolas a trabajar desde tierra.

    Enhorabuena por el artículo.

    Roberto

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    • Gracias, Roberto!

      Sí, es muy curioso ese doble rasero estadounidense, presente en muchos ámbitos. Parece que muchos avances vienen desde allí, pero al final, tuvieron muchos vetos a mucha gente por muy diversos motivos hasta hace muy poco. Sin ir más lejos, el acceso de las mujeres al arma submarina creo que no estuvo permitido hasta 2011…
      Qué pena que parece a ratos que nos hayamos parado en el tiempo!

      Un abrazo y gracias de nuevo por tu reflexión!

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