Martha Jane Hunt Coston, una luz en la mar

El Convenio Internacional para la Seguridad de la Vida en la Mar (SOLAS), en su capítulo III, Dispositivos y Medios de Salvamento, dispone al mismo nivel que los dispositivos radioeléctricos, los sistemas de comunicaciones de a bordo, los sistemas de alarma y los sistemas de megafonía, que “se llevarán (a bordo) por lo menos 12 cohetes lanzabengalas con paracaídas que cumplan lo prescrito en la sección 3.1 del Código, estibados en el puente de navegación o cerca de éste”.

Para encontrar el origen de estos elementos y su disposición a bordo, debemos remontarnos a la época de la Guerra Civil estadounidense, y remitirnos a la figura de Martha Jane Hunt Coston, inventora y empresaria, cuya “bengala de Coston”, un dispositivo de emisión de señales luminosas, cambió para siempre el modo de comunicarse en las oscuras noches de la mar.

Martha Jane Hunt nació en Baltimore en 1826 y, tras la muerte de su padre, tuvo que mudarse a Filadelfia con el resto de su familia en la década de 1830. En 1840, con tan solo 14 años, conoció a Benjamin F. Coston, un inventor que fue contratado 1842 para dirigir el laboratorio pirotécnico del Astillero de la Marina de los Estados Unidos en Washington D.C. Tras casarse en secreto, se fugaron a la capital federal. Benjamin, entre otros cometidos, creó un nuevo cebador para piezas de artillería y comenzó a trabajar en un sistema de bengalas con un código de colores que permitiera la comunicación entre buques por medio de señales en la oscuridad, cosa que venía haciéndose por medio de linternas hasta entonces.

En 1847, por desacuerdos económicos relacionadas con el cebador, Benjamin abandonó el astillero, pasando a ser el director de la Boston Gas Company, aprovechando allí para hacer uso de la patente que le habían concedido por un aparato para la fabricación de “sylvic”, un gas ampliamente utilizado en la iluminación de la época. La continua exposición a humos tóxicos provocó que cayese enfermo y muriera, dejando una viuda sin medio de sustento y cuatro hijos pequeños, de los cuales solamente dos llegarían a la edad adulta.

Martha decidió entonces acabar las investigaciones de su difunto marido que, en realidad, se encontraban en una fase muy preliminar, no siendo más que una serie de fórmulas químicas y planos donde se mostraba la idea general de que cada señal estaba asociada a un número y una letra, así como el color del fuego empleado en cada caso según el código que se quisiese transmitir.

Sin formación técnica o pirotécnica alguna, comenzó a contactar con expertos en estos campos debiendo hacerse pasar por hombre en diversas ocasiones para no ser rechazada y sufriendo en el proceso unos cuantos fraudes. Las bengalas resultantes de estas primeras aproximaciones (probadas en el astillero de Washington) no funcionaban según lo esperado: eran difíciles de fabricar y emplear, no duraban lo suficiente para ser vistas desde otro buque o desde tierra, la mezcla de compuestos químicos necesarios no era sencilla y, lo peor de todo, las carcasas no resistían las condiciones del ambiente marino.

Martha había logrado generar los colores blanco y rojo vivo, pero necesitaba un tercero, por lo que intentó conseguir un azul de modo que se reflejaran los colores de la bandera estadounidense, pero no consiguió la intensidad requerida hasta 1858 durante una exhibición de fuegos de artificio celebrada en Nueva York con motivo de la finalización de los trabajos del cable telegráfico trasatlántico, donde encontró el azul adecuado, aunque finalmente terminó siendo descartado al ser su producción excesivamente cara. Sin embargo, conoció en esta incesante búsqueda al fabricante Gustavus A. Lilliendahl, que producía un fuego artificial de color verde muy intenso que consideraron como una posible opción, y estableció entonces su propia empresa, la Coston Manufacturing Company (CMC), con sede en Nueva York.

En abril de 1859, Martha registraba la patente número 23536 para un sistema de señales pirotécnicas nocturnas que se podían encontrar en tres tamaños distintos, según se quisiese generar una sola señal de corta duración, una sucesión de dos señales distintas o una de tres.

En abril de 1859, Martha registraba la patente número 23536 (como administradora testamentaria de su marido) para un sistema de señales pirotécnicas nocturnas, que consistía en material pirotécnico dispuesto dentro de una docena de carcasas de cartón, cerradas con una cinta y una tapa e impermeabilizadas mediante barniz, y que se podían encontrar en tres tamaños distintos, según se quisiese generar una sola señal de corta duración, una sucesión de dos señales distintas o una de tres.

Para encender una señal, había que quitar la cinta, abrir la tapa y prender la bengala con una cerilla. El código de comunicación estaba formado por diez números (0-9) y dos letras (P y A), que se encontraban impresos en las tapas de las carcasas correspondientes, siendo cada número una combinación distinta de colores, y significando la letra P (bengalas de luz blanca prolongada) que se estaba preparado para iniciar la comunicación, y la letra A (bengalas de luz roja también prolongadas) el asentimiento a esa señal.

Lilliendhal registró a su vez otra patente cuyos derechos cedió a Martha a cambio de tener la licencia para fabricar las señales. Esta patente solucionaba algunos problemas que presentaba el sistema de Coston, como la lentitud en la apertura de las carcasas, el exceso de humo o la contaminación entre los componentes pirotécnicos. Las mejoras afectaban al diseño de los recipientes, pasando a tener todos la misma longitud y a aceptar un mango para un manejo más sencillo, así como a la compresión de las mezclas pirotécnicas en el interior.

El Secretario de Marina recomendó encarecidamente adoptar el sistema de Coston al considerarlo “el mejor de los existentes e indispensable para una conducción eficiente de la flota”, dada su buena inteligibilidad, gran precisión, sencillez de uso y bajo coste.

Antes de ser patentada, esta nueva versión del sistema había sido probada, una vez más, en el astillero de Washington ante una junta de examinadores navales presidida por el Secretario de Marina del momento, que recomendó encarecidamente adoptar el sistema de Coston al considerarlo “el mejor de los existentes e indispensable para una conducción eficiente de la flota”, dada su buena inteligibilidad (las luces podían verse a unos 40 kilómetros), gran precisión, sencillez de uso y bajo coste.

En marzo de aquel mismo año, el Departamento de Marina encargó un primer pedido de trescientos juegos de señales por un valor de 6.000 dólares de la época, pero ante el retraso que acumulaba la burocracia de la venta de los derechos de su invento al Gobierno y los problemas económicos que ello suponía, Martha decidió patentarlo en varios países europeos y desde agosto de 1859 hasta 1861 residió entre Londres y París para negociar contratos con los gobiernos británico y francés.

El estallido de la Guerra de Secesión en su país provocó su vuelta a Washington, donde presentó ante el Congreso el proyecto de ley de venta de su patente, que finalmente fue aprobado en agosto de 1861. Los 40.000 dólares que Martha demandaba fueron rebajados a 30.000 por la Cámara de Representantes y, finalmente, fijados en 20.000 por el Senado.

Las bengalas fabricadas por CMC y por la empresa de Lilliendhal fueron muy utilizadas por la Marina durante toda la guerra de Secesión americana (1861-1865), siendo empleadas por 600 buques de la flota del bando unionista.

Las bengalas fabricadas por CMC y por la empresa de Lilliendhal fueron muy utilizadas por la Marina durante toda la guerra (1861-1865), siendo empleadas por 600 buques de la flota del bando unionista. Destacaron durante el bloqueo en el Golfo de México en 1864 y en la coordinación de las operaciones navales durante la batalla de Fort Fisher en Carolina del Norte en enero de 1865.

Se vendieron unos cien mil equipos de señales, aunque siempre a precio de coste, incurriendo de este modo en pérdidas. Tras diez años de litigios, el gobierno prometió a Martha resarcirla económicamente, pero acabó ofreciéndole años después (en 1875) tan solo 15.000 de los 120.000 dólares que le habrían correspondido.

El agravio y la injusticia fueron aún mayores dado el éxito logrado gracias a este sistema en esas campañas bélicas, y magnificados todavía más por el hecho de que tanto el Servicio de Salvamento de los Estados Unidos como armadas extranjeras, compañías navieras e incluso clubs privados de yates adoptaron el sistema que, por si fuese poco, resultó premiado en las Exposiciones Universales de Filadelfia (1876), París (1878) y Chicago (1893).

El sistema fue posteriormente modificado y mejorado por la propia Martha, incluyendo patentes esta vez a su nombre, con configuraciones y accionamientos distintos. Su dos hijos supervivientes también colaboraron con ella y aportaron sus propias patentes, relativas a cartuchos, cajas de almacenamiento y disparadores de bengalas nocturnas en 1877, 1900 y 1901 respectivamente.

Con el tiempo, todas las estaciones del Servicio de Salvamento de los Estados Unidos fueron equipadas con estos sistemas, y muchos relatos de naufragios y rescates describen el uso de la bengala Coston, que fue fundamental para salvar miles de vidas. Martha murió en 1904. Su compañía le sobrevivió, pasando a llamarse Coston Signal Company (hasta 1927) y Coston Supply Company (hasta 1985). En 2006, más de cien años después de su muerte, Martha Coston era por fin incluida en el National Inventors Hall of Fame.


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Laura Alonso es Ingeniera Naval y Oceánica por la UDC. Viguesa de nacimiento, Ferrolana de adopción. Dedicada al Apoyo Logístico Integrado y el continuo aprendizaje por vocación. Puedes conectar con ella a través de LinkedIn.

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