Cuando entre 1849 y 1852 la Ferrolana, el último barco de la Armada propulsado únicamente a vela, circunnavegó el mundo

Entre 1849 y 1852 la corbeta Ferrolana, el último buque de la Armada Española propulsado únicamente a vela, realizó un viaje de circunnavegación con la misión de rendir visita y mostrar el pabellón español a las nuevas repúblicas sudamericanas recientemente separadas del Imperio Español, buscando mejorar las relaciones entre los nuevos países independientes y la antigua metrópolis.

Entre la primera circunnavegación de Magallanes y Elcano en 1522 y la realizada por la corbeta Descubierta del teniente de navío Alonso de la Riva completada en 1816 se habían dado veintiuna vueltas al mundo, bien con fines económicos o científicos, pero la nefasta situación económica de España tras la victoria sobre las tropas napoleónicas y la Restauración de la monarquía borbónica había frenado la organización de nuevas expediciones. Además, la primera mitad del siglo XIX significó la culminación con éxito de los procesos independentistas de las nuevas repúblicas sudamericanas separadas del Imperio Español, con el nacimiento como naciones independientes entre otras de Chile (1810), Paraguay (1811), Argentina (1816), Perú (1821), Bolivia (1825), Uruguay (1828) o México (1836).

En este contexto, el primer marqués de Molins, Mariano de las Mercedes Roca de Togores y Carrasco, Ministro de la Marina, presentó a la reina Isabel II y consiguió la aprobación de la siguiente Real Orden publicada en la Gaceta de Madrid el 7 de julio de 1849:

«Ministerio de Marina. — Excmo. Sr.: La decadencia en que muchos años há se encuentra nuestra marina militar, ha impedido el que sus buques emprendan las largas navegaciones á que á menudo se dedicaban en la época de nuestra preponderancia naval, con notable provecho de las ciencias y de la civilización en general, y con particular ventaja de las artes marítimas y de la gloria nacional.
Aún estamos hoy muy lejos de poder renovar aquellas frecuentes y gloriosas peregrinaciones, á pesar del impulso que ha recibido en los últimos años este importante ramo de la fuerza pública, merced á la solícita protección que la Reina y las Córtes le dispensaron; pero tal vez este mismo crecimiento hace más necesarias esas expediciones para formar lo que ni el estudio ni los caudales pueden procurar á la Armada, hombres de mar experimentados, oficiales que, simples subalternos hoy, puedan ser mañana Jefes peritos en las ciencias navales, de que la práctica es el mejor maestro.
Desde que la corbeta Descubierta llevó alrededor del mundo lo últimos oficiales de la Armada española que ha hecho este peligroso y difícil estudio de su ciencia, hasta hoy, han ocurrido además notables cambios en la política, y ha venido á ser naciones independientes las que antes eran provincias de España en Ultramar; nuevos intereses comerciales han surgido aquí, nuevos vínculos, nuevas relaciones, para cuyo fomento contribuiría grandemente la simple vista de nuestro pabellón, ya amigos y hermanos, en las costas del Pacífico y Atlántico.
Estas razones de conveniencia particular del cuerpo de la Armada y de utilidad general del comercio, son por sí solas bastante fuertes para inclinar el ánimo de la Reina Nuestra Señora, siempre solícita del bien y engrandecimiento del Estado; pero en la ocasión presente aun se allega otra que ha pesado mucho en su piadoso corazón.
S. M., como Reina Católica, no ha podido menos de ver con religioso afecto la misión apostólica que prepara en nuestro suelo el reverendo Obispo de Puerto Victoria: y si bien hubiera gozado mas si los esfuerzos de los sacerdotes y de los fieles españoles se hubieran dirigido á súbditos de España, ha recordado que á su ilustre título une también la cualidad de ser nieta de aquellos Príncipes que llevaron en todos tiempos los beneficios de la fé y de la civilización á donde les era posible, sin preguntar de quién era súbdito el pueblo que los recibía.
Por estas razones, que fácilmente esforzará la ilustración de V. E., la Reina se ha servido mandar que desde luego y á cargo del Jefe de la Armada que se designe, se prepare en Cádiz la salida de un buque para hacer el viaje de circunnavegación; quiere además S. M. que este buque no sólo sea capaz y útil para el objeto que se destina, sino que sea de moderna construcción española, á fin de que formen favorable idea de nuestra renaciente marina aquellos pueblos, hoy amigos y aliados, que debieron su civilización á la audacia y pericia de nuestros primeros navegantes. Es asimismo la voluntad de la Reina, que ese buque no sólo sea dotado con el número de oficiales y guardias marinas que le corresponda por reglamento, sino que lleve además los que alcance y V. E. designe, para que sirva de Escuela práctica, proponiéndose S. M. recompensar convenientemente su aplicación y mérito, y últimamente, me manda decir a V. E. que en dicho buque deberá darse alojamiento al Reverendo Obispo de Puerto Victoria y á los demás misioneros que con destino á Nueva-Holanda ha reunido el mismo en los dominios de S. M., trasportándolos á aquel país, por donde deberá principiar el buque su derrotero.
Para la designación de este y demás particularidades necesarias, S. M. comunicará á V. E. las Reales órdenes que estime convenientes. De la de S. M. lo digo á V. E. para su conocimiento.
Dios guarde á V. E. muchos años. Madrid 7 de julio de 1849. — El Marqués de Molins. — Sr. Director General de la Armada»

El buque elegido para dar la vuelta al mundo fue la Ferrolana, la última corbeta de vela botada en los Reales Astilleros de Esteiro de Ferrol, terminada a finales de diciembre de 1848. Comenzada su construcción en septiembre de 1846 siguiendo los planos de la corbeta Villa de Bilbao, construida en Londres en 1845, la Ferrolana era un buque de tres palos con 48,5 metros de eslora y 13 metros de manga, armada con 32 cañones (dos bomberos de 68 libras, veintiocho de 32 libras, uno de 12 libras y otro de 4 libras).

La vida de servicio para la Armada de la Ferrolana pudo ser realmente corta. Al mando del capitán de fragata Tomás de Alvear y Ward en mayo de 1849 estuvo a punto de naufragar cerca de Cartagena mientras perseguía una fragata sospechosa. Salvado este contratiempo con daños en el timón y otros de menor consideración, la corbeta fue puesta al mando del capitán de navío José María de Quesada y Bardalonga que fondeó en el Arsenal de la Carraca el 23 de julio para preparar al buque y su tripulación para su vuelta al mundo. El 5 de octubre de 1849 la Ferrolana partía del puerto de Cádiz hacia el cabo de Buena Esperanza con unas doscientas personas a bordo, entre tripulantes, once guardias marinas que aprovecharon el crucero para su instrucción y el recién nombrado obispo de Puerto Victoria en Australia, José María benito, que viajaba acompañado de un grupo de misioneros.

El 29 de diciembre, casi tres meses después de su partida de Cádiz, la Ferrolana fue recibida con gran entusiasmo en el puerto de Swan River (Perth), en donde desembarcaron el obispo y su séquito. Tras un grandioso baile de despedida organizado por las autoridades de la ciudad australiana, el buque partió el 10 de enero de 1850 hacia Manila (Filipinas) a donde llegó el 27 de febrero. Desde el 6 de mayo y durante un año la Ferrolana visitó diferentes ciudades asiáticas como Macao, Hong Kong, Batavia (actual Yakarta), Singapur o Calcuta antes de retornar a Manila y poner proa a Sídney, en donde recalaron el 10 de marzo de 1851.

Tras dos meses en la ciudad australiana la Ferrolana partió para llevar a cabo la misión que se le había encomendado, rendir visita a los principales puertos y mejorar las relaciones diplomáticas con las nuevas repúblicas sudamericanas. El 4 de julio de 1851 el barco entró en el puerto de Callao, siendo el primer buque español en hacerlo desde la independencia del Perú. El capitán Quesada tuvo que negociar la entrada en el puerto peruano ya que España no reconocía todavía a Perú como nación soberana. La siguiente visita fue a Guayaquil (Ecuador) y de ahí a Valparaíso (Chile). El 26 de octubre zarpó del puerto chileno, y tras doblar el cabo de Hornos, fondeó en Montevideo el 3 de diciembre. El 1 de enero de 1852 la Ferrolana dejó el río de la Plata para retornar a Cádiz, a donde llegó el 11 de marzo, tras un viaje de 2 años, 5 meses y 6 días en los que recorrió 54.786 millas náuticas para cumplir su misión.

El servicio a la Armada de la Ferrolana tras su circunnavegación la llevó primero al Mediterráneo, para luego volver al continente americano, en donde participó en diferentes acciones tanto diplomáticas como bélicas hasta 1857, año en que retornó a la península para participar en la Tercera Guerra Carlista, durante la cual bombardeó Lequeitio, Bermeo y Mundaca junto a la corbeta Consuelo y el vapor Fernando el Católico. En 1860 la Ferrolana se conviertió en Cádiz en escuela de aprendices navales, labor que desarrolló hasta 1869. De vuelta a la acción el buque participó en la rebelión cantonal de Cartagena como buque prisión entre 1873 y 1874. En 1884, mientras se dirigía a Guinea con el gobernador militar de la colonia africana y un grupo de misioneras de la Inmaculada Concepción la Ferrolana fue dada por hundida por un temporal tras dejar atrás Santa Cruz de Tenerife el 24 de noviembre, llegando a organizarse un responso en la catedral de la ciudad el 30 de noviembre por las víctimas del naufragio, aunque un par de días después la corbeta entró de nuevo en el puerto chicharrero, desarbolada y haciendo aguas. La última referencia en el tiempo de la Ferrolana la encontramos en 1887, cuando ejercía como pontón en la estación naval de Guinea. De su destino posterior no sabemos nada.


Nota del autor: unos días después de la publicación de este artículo sobre la Ferrolana, se puso en contacto conmigo desde Perth en Australia Tom Stephens. Tom es el marido de una tataranieta de Geronimo Rodoreda, uno de los misioneros pasajeros en la corbeta. Los comentarios de Tom, que desde hace años investiga el viaje de la Ferrolana, han servido para corregir el recorrido del buque en Australia (solo visitó Sídney una vez, no dos como originalmente escribí) así como el mapa del mismo, que he actualizado. Sirva esta nota para agadecer sus comentarios y animarlo a seguir investigando acerca de este increible viaje.


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Juan A Oliveira es Ingeniero Técnico Naval por la Universidade da Coruña y MBA por la UNIR. Desde 2013 edita y coordina el blog de temática naval vadebarcos.net. Puedes conectar con él a través de Twitter o LinkedIn.

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