Sylvia Alice Earle, la Dama de las profundidades

Durante el IV Congreso Internacional de Áreas Marinas Protegidas celebrado en Chile en 2017, una de las más ilustres ponentes aseveró que “la humanidad ha ignorado los límites” haciendo uso de los mares en beneficio propio de tal manera que ha desencadenado “el deterioro brutal y crítico de los ecosistemas”.

Fueron éstas palabras de Sylvia Alice Earle, oceanógrafa, investigadora, exploradora, gestora y docente de renombre, conocida como la “Dama de las profundidades” (Her Deepness) o “la Juana de Arco de los océanos”, según James Cameron, entre otras cosas por las más de cien expediciones marinas a sus espaldas y sus más de 7.000 horas de trabajo bajo el agua.

La Dra. Sylvia Alice Earle probándose un casco de protección encontrado entre los residuosdevueltos por el mar. Bonnie L. Campbell. USFWS – Pacific Region, Public domain, via Wikimedia Commons

Sylvia nació en Gibbstown, New Jersey, el 30 de agosto de 1935 pero su familia se mudó a la costa oeste de Florida, a una casa al lado del mar, cuando ella tenía 12 años. A los 17 años realizó su primera inmersión y desde entonces no paró (a los 82 años seguía activa). Decidió dedicar su vida a proteger los océanos, siendo pionera en el campo y, a la vez, casi la única mujer en un área dominada por los hombres.

Se graduó en ciencias por la Florida State University gracias a una beca y a los trabajos que realizaba en los laboratorios, y después de cursar el máster en ciencias en la Duke University empezó el doctorado en ficología (ciencia que estudia las algas) en la misma institución. Al principio de su doctorado conocería al zoólogo Jack Taylor con el que se casaría. En 1960 nacería su hija Elizabeth y dos años más tarde, su hijo John.

En 1964 formó parte de la primera expedición que exploró los fondos marinos de las islas Seychelles, siendo la única mujer en la expedición, junto a 70 hombres. Esto suponía, además, separarse de su familia durante seis semanas, y Sylvia confesaría entonces al periódico New Yorker que, al principio, le dio bastante respeto embarcarse en esa aventura, sobre todo porque conocía a algunas mujeres que habían participado en expediciones con grupos completamente masculinos y el acoso era demasiado común.

A pesar de sus reticencias, su pasión por el mar ganó la batalla y su nombre comenzó a ocupar los titulares de los periódicos, si bien éstos no se centraban en la vertiente científica precisamente, sino en una más sensacionalista: “Sylvia sale a navegar con 70 hombres, pero no espera ningún problema”.

En 1966 terminaría su tesis doctoral sobre macroalgas del Golfo de México, trabajo que destacó por ser el primer estudio de botánica marina tan amplio y detallado, habiendo recogido Sylvia más de 20.000 muestras de algas que luego donaría al Instituto Smithsonian y que seguiría desarrollando a lo largo de toda su carrera científica en el afán de catalogar toda planta marina que se encontrase en ese Golfo. Ese mismo año formaría parte de una de las primeras expediciones que exploró los fondos de las islas Galápagos, aunque sin contar con el apoyo de ningún tipo de sumergible, lo cual limitaba bastante sus opciones de investigación.

Pasaría, entonces, un tiempo como investigadora en Harvard para después volver a Florida como directora residente del Cape Haze Marine Laboratory.

Instalaciones del Proyecto Tektite durante Tektite I. OAR/National Undersea Research Program (NURP), Public domain, via Wikimedia Commons

En 1969, solicitó formar parte del proyecto Tektite. Este proyecto permitía a equipos de científicos vivir durante semanas en unas instalaciones situadas a poco más de 15 metros bajo el mar en la costa de las Islas Vírgenes. Pero Sylvia fue rechazada para el programa Tektite I, coordinado por la Office of Naval Research, además de los comentarios machistas que debió escuchar por parte del jefe del proyecto, del nivel de “la mitad de los peces son hembras, podemos aguantar a algunas de ellas“.

Sylvia no se dio por vencida y al año siguiente, en 1970, fue seleccionada para liderar una de las diez misiones del proyecto Tektite II, esta vez financiado por el Departamento de Interior junto con la NASA, que quería estudiar los efectos psicológicos sobre equipos científicos trabajando en espacios cerrados similares a las naves espaciales. Sylvia lideró, en concreto, el primer grupo completamente femenino de submarinistas, estando ella y sus compañeras dos semanas bajo el mar.

Para su sorpresa, cuando volvieron a la superficie, descubrieron que se habían convertido en celebridades y hasta se les ofreció una recepción en la Casa Blanca. Después de eso, Sylvia comenzó a estar cada vez más solicitada como oradora y se convirtió en una firme defensora de la investigación submarina. Al mismo tiempo, comenzó a escribir para National Geographic y a producir libros y películas, principalmente con afán divulgador sobre el océano y los efectos de los daños que infligimos sobre ellos.

Equipo de la Misión 6-50 de Tektite II, liderado por Sylvia Earle (segunda por la izquierda). Cecil W. Stoughton, Public domain, via Wikimedia Commons

En la década de 1970 las misiones científicas llevaron a Sylvia de nuevo a las Galápagos, a las aguas de Panamá, a China y las Bahamas y, nuevamente, al océano Índico, y durante este período comenzó a colaborar con el fotógrafo submarino Al Giddings, con quien en 1977 haría un viaje siguiendo a los grandes cachalotes. En una serie de expediciones los siguieron desde Hawaii hasta Nueva Zelanda, Australia, Sudáfrica, Bermudas y Alaska, quedando su trabajo registrado en formato audiovisual en el documental de 1980 Gentle Giants of the Pacific (Gigantes Nobles del Pacífico).

En 1979 se convirtió en la primera persona en caminar por el fondo del mar a 381 metros de profundidad cerca de Oahu, con un traje especial llamado JIM suit que mantiene la presión interna en 1 atm. Exploró las profundidades durante dos horas y media conectada únicamente con el sumergible por una línea de comunicación (nada en absoluto la conectaba con la superficie). Esta aventura quedaría reflejada en su libro Exploring the Deep Frontier (Explorando la frontera profunda), en 1980.

Comenzaría, entonces, una década llena de proyectos y cargos para ella. De 1980 a 1984 fue parte del National Advisory Committee on Oceans and Atmosphere (NACOA). También en esta década empezó a centrar sus esfuerzos en el desarrollo de tecnologías submarinas que facilitasen y permitiesen el avance de las tareas de investigación. Con el que era su marido Graham Hawkes, ingeniero y diseñador de submarinos, fundó el grupo Deep Ocean Engineering. En 1985 diseñaron y construyeron el submarino de investigación Deep Rover, que podía sumergirse hasta 1.000 metros. En este enlace se puede acceder a una impresionante galería de todos los diseños de la compañía.

Sylvia A. Earle preparándose para una inmersión con el JIM suit. OAR/National Undersea Research Program (NURP), Public domain, via Wikimedia Commons

Durante los dos primeros años de la década de los 90, Sylvia aceptó el puesto de Líder Científico en la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA), una de las más prestigiosas instituciones del mundo en lo que a estudio del océano se refiere, siendo ella la primera mujer en ostentar este cargo. Poco después, en 1992, abandonaría su puesto para denunciar públicamente la falta de interés del Gobierno de los Estados Unidos por defender el medio marino. Según ella misma explicó “como ciudadana de a pie podré hacer y decir cosas que no son apropiadas para un alto funcionario del Gobierno de los Estados Unidos”. Ese mismo 1992 fundaría DOER Marine (Deep Ocean Exploration and Research), de nuevo empresa destinada a mejorar la tecnología de exploración submarina.

Desde 1998 es exploradora residente de National Geographic, con quien ha sido líder de varios programas oceánicos, como por ejemplo el Sustainable Seas Expedition, en el que entre 1998 y 2002 se estudió el Sistema Nacional de Santuarios Marinos de Estados Unidos. También en 1998 la revista Time Magazine la nombró Hero of the Planet (Héroe del Planeta),siendo la primera vez que la revista otorgaba ese “título”). En septiembre de 2017, Sylvia sería portada de esa misma revista en el número con la temática Firsts: Women who are changing the world (Primeras: Mujeres que están cambiando el mundo).

En el año 2000 sería incluida en el National Women’s Hall of Fame y seguiría con su labor incansable en el nuevo siglo. En 2006 echaría en cara al creador de Google Earth que éste estaba incompleto por no estar incluidos los océanos. Su persistencia hizo posible que, tres años más tarde, el Google Earth 5.0 ya incluyera los océanos. En julio de 2012, contando ya 77 años, lideró una expedición en el laboratorio submarino Aquarius de la NOOA, situado en Cayo Largo, Florida.

El equipo de la Misión 6-50 en un adiestramiento sobre un equipo respiratorio. OAR/National Undersea Research Program (NURP), Public domain, via Wikimedia Commons

Semejante biografía no podía estar sino plagada de reconocimientos, menciones honoríficas y premios. El premio más relevante de los que ha recibido es el TED prize, que premia “deseos para cambiar el mundo”. Sylvia lo recibió en 2009 para cumplir el “deseo de proteger los océanos”.

Con el dinero del premio creó Mission blue (también conocida como Sylvia Earle Alliance o SEAlliance), una fundación sin ánimo de lucro para proteger y explorar los océanos, enfocándose en conseguir una red mundial de áreas marinas protegidas. Desde su fundación ha aunado esfuerzos con distintas instituciones como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), para la expansión de las áreas marinas protegidas y la catalogación de otras, denominadas “Hope Spots” (puntos de esperanza), que también son puntos críticos para la salud oceanográfica. Actualmente hay 139 “Hope Spots”, y Mission Blue aglutina a más de 200 organizaciones, grupos de apoyo, empresas privadas y equipos de investigación, e incluso Netflix rodó un documental homónimo hablando sobre la “misión”.

Sylvia todavía forma parte de varios consejos, fundaciones y comités relacionados con la investigación marina y la conservación. La Biblioteca del Congreso (Library of Congress) la ha catalogado como «leyenda viviente». Es autora de más de 200 publicaciones y ha dado conferencias en 90 países, cuenta con 29 doctorados honorarios y entre sus más de 100 reconocimientos se encuentran la Medalla Hubbard de National Geographic 2013, la Orden del Arca Dorada de los Países Bajos y medallas como las del Explorers Club, de la Royal Geographical Society o de la Fundación Lindbergh.

Sylvia Earle con Barack Obama en 2016. Foto oficial de la Casa Blanca. Pete Souza, Public domain, via Wikimedia Commons

En 2018 recibió el Premio Princesa de Asturias de la Concordia «por su dedicación, durante más de seis décadas, a la exploración e investigación de los océanos, el conocimiento de los fondos marinos y la conservación integral de los mares, que se ha convertido en uno de los desafíos medioambientales de nuestro tiempo«.

Se destacaba que su amplia labor ha sido fundamental para la toma de conciencia de la importancia de los océanos, «en grave riesgo por la acumulación de plásticos y vertidos contaminantes, que amenazan la salud humana y la biodiversidad en todo el planeta«. Pero Sylvia no sólo ha venido advirtiendo sobre el peligro que tienen los residuos, sino también, por ejemplo, la pesca, que se convierte en un problema cuando se practica de manera masiva y sin control, como ya había advertido muchos años antes Anita Conti. Según Sylvia, “nuestra ignorancia es el mayor problema”.


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Laura Alonso es Ingeniera Naval y Oceánica por la UDC. Viguesa de nacimiento, Ferrolana de adopción. Dedicada al Apoyo Logístico Integrado y el continuo aprendizaje por vocación. Puedes conectar con ella a través de TwitterLinkedIn.

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